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sábado, 25 de marzo de 2017

Libros de 2017

Este año no ha sido mi año más lector y diría que tampoco en el que he acertado más con los títulos. Os dejo la primera parte del año 




El animal moribundo. Phillip Roth. 2002




Aquí tenemos una vez más al amigo Roth enfrentándose a sus fantasmas: la vejez, el sexo y las enfermedades.

Habla de la relación de un profesor con una alumna inapropiadamente más joven: el enfoque es brillante, la parte en la que solemos pensar menos cuando vemos una pareja de 60-25. Siempre nos da pena ella y lo criticamos a él. 

Pero aquí no: él está enamorado y sabe que va a sufrir, que es, evidentemente, una relación pasajera y eso lo hace insoportable. El que lo pasa mal es el que, además, es  juzgado severamente por la sociedad. 

Maravilloso Roth como siempre. Y torturado. Y otro año sin Nobel.... 


Pétronille. Amélie Nothomb. 2014 




Amelie nos sumerge de nuevo en una historia supuestamente autobiográfica en que una lectora con la que se "carteaba", al parecer algo absolutamente habitual en la escritora y tema más o menos central de varios de sus libros, pasa a ser  compañera de borrachera; una especie de alma gemela, como mínimo de una parte de nuestro ser: el que sale, bebe y ve el mundo desde otra perspectiva, la etílica. 

Nada nuevo para los que hayáis leído libros de Nothomb: se leen de tirón, interesantes, divertidos y bien escritos. 

Muy recomendable pero, en la lista de la autora, por debajo de "Barbarroja" y, sobre todo, de su magnífico "Estupor y temblores"




Cartero. Charles Bukowsky. 1971


Leí este libro tras ver Californication (serie)  y ahora entiendo el guiño al libro: el protagonista se llama Hank y se desarrolla en California. Qué falta de cultura la mía ... 

Es su primera novela y es menos "Bukowsky" que otros: menos sexo y menos soez pero más interesante. 

La historia, la vida de un perdedor que era cartero como podía ser conductor de autobuses o barrendero está escrita con maestría. Consigue que nos metamos en su vida gris, con una terrible sensación de que todo es inevitable, de que no hay salida posible, de que la vida que le ha tocado vivir al protagonista es una mierda y de que cualquier atisbo de felicidad es pasajero. Que si algo puede ir mal irá mal. 

Libro con gran contenido autobiográfico ya que Bukowsky trabajó más de una década como cartero y... no sigo que hago un spoiler en toda regla!!! 

Muy recomendable a pesar de que por lo visto ¡lo escribió en un mes!


Trezte tristos tràngols. Albert Sánchez Piñol. 2008



Uno que es seguidor de Sánchez Piñol por su "Victus" y "La pell freda" no podía resistirse a leer este libro de cuentos. Como (casi) todos los libros de este estilo  combinan historias muy buenas, buenas y regulares. 

Me quedo con "Només digues si encara m'estimes" 

Un entretenimiento de verano para seguidores de Sánchez Piñol. Sin pretensiones.






Patria. Fernando Aramburu. 2016 


Cuando lo estaba leyendo un amigo me preguntó que leía. "Patria" contesté. "Ah, un best seller". Pues sí, pero un buen libro. 

Patria no habla de ETA: habla del fin de ETA y de la ruptura que ETA provocó en las propias familias y entre los amigos íntimos. La historia es la de dos familias amigas, una con un asesinado y la otra con un asesino. Dos familias de las que ahora se llaman BFF, de las que iban juntas hasta el lavabo y como se enemistan por ETA.  

La forma de narrarlo es muy original, con expresiones muy "de pueblo" que te hace meterte más en la historia, en las familias.

Que se haya vendido mucho y que tenga muy buenas críticas es justo: gran libro sin duda. 





El Proceso. Franz Kafka. 1925


Esas cosas que pasan: paseas por Praga en viaje de placer, te das cuenta de que de Kafka solo has leído " La metamorfosis", te entra un ataque de hombre culto y decides leer algo más.

Así que empecé con ilusión "El proceso" pero no me duró demasiado: se me hizo tan pesado que no lo acabé, y eso que a "La Metamorfosis" le pillé el truco. A este no.

El libro trata de un hombre al que encausan (proceso legal) pero no sabe por qué y narra los pasos absurdos que da ante una justicia que ríete tu la de España para intentar defenderse no se sabe bien bien de qué.

Francamente, me pareció un tostón. 




Ni de Adán ni de Eva. Amélie Nothomb. 201


A pesar de que leo a Nothomb en todas las estaciones del año su nombre lo asocio al verano tanto como la piscina o el helado y de "Ni de Adán ni de Eva" no fue una excepción. 

Después de claudicar ante "El proceso" no puedes embarcarte ante otro libro en el que tengas dudas. Nothomb es una apuesta segura. 

Siempre autobiográfica, nos explica sus dos años de juventud en Japón y su relación con Rinri, un japonés ideal. Sería la parte complementaria de su magnífico "Estupor y temblores" que describía el horror del Japón laboral. 

Siempre creativa lo importante no es lo que cuenta si no como lo cuenta. Muy entretenido. En día y medio liquidado. 




Así que, por orden, las recomendaciones serían: 

- Cartero de Bukowsky 
- Patria de Aramburu 
- El Animal Moribundo de Roth 
- Ni de Adán ni de Eva y Pétronille de Nothomb
- Tretze tristos tràngols de Sánchez Piñol 
- El Proceso de Kafka

PD: a los que se horroricen porque pongo el último un libro considerado una obra maestra... un saludo!!! 


sábado, 18 de marzo de 2017

De aniversarios y celebraciones. 10 años ya...

Un aniversario es una fecha marcada con rotulador rojo en el calendario que nos recuerda aquello del "tal día como hoy" que salía en los diarios. Hoy cumplo 10 años de divorciado, una década, dos lustros: en el fondo casi media vida.


Escribí hace unos cuantos post que un año en la vida de un single equivale a la de un perro, que todos sabemos que son 7 años humanos. Así que hoy cumplo ¡70 años de divorciado! Es normal que no recuerde casi nada de mi vida previa...

Hoy se conmemoran 10 años de uno de los momentos más tristes (en mi caso) y estresantes que uno puede tener en la vida: se acaba una relación amorosa que prometiste que sería para siempre al cura, tienes que abandonar tu hogar, dejas de ver a tus hijos cada día y tienes que rediseñarlo todo otra vez. Vuelves a la casilla de salida, nada de lo que has hecho en lo personal sirve ya de mucho.


Empecemos por el principio. El momento del divorcio es terrible, es una situación extraordinariamente tensa entre dos personas que, hasta ese momento, se habían querido más o menos. Muchas veces entre dos personas que se siguen queriendo. Más o menos.

Añadamos a los problemas amorosos los problemas económicos (al romperse la unidad familiar las dos partes empobrecen, en general el hombre de forma espectacular) y empezamos a vislumbrar la magnitud de la tragedia.

Los momentos de tensión, y este es el número uno,  sacan lo peor de cada uno así que no suele haber nada más desagradable que el divorcio: discusiones, peleas, reproches, reconciliaciones a medias, engaños, triquiñuelas, mentiras piadosas y mentiras para hacer daño. Todo a la vez.

El que haya tenido un accidente de coche sabe que estos momentos se mantienen en la memoria de forma extraña, a fotogramas. Uno pierde la forma habitual de percibir la realidad y la recuerda como una sucesión de imágenes: la escena del sofá en que les dices a tus hijos que te vas de casa, un despertar en tu cama de "soltero" en casa de tu madre, los paseos por las calles cuando no tienes niños oyendo música y sin saber a donde ir, el momento en que te sacas la alianza dándolo ya todo por perdido. Un collage de desagradables recuerdos. 

Poco a poco, en mi caso terriblemente poco a poco, se van solucionando los problemas: dejas de tener contacto con tu ex (¡cuánto cuesta pasar de hablar de tu mujer a decir "mi ex"!), te compras otro piso, llega la sentencia de divorcio, te mudas a tu nueva casa, empiezas a mirar de nuevo a las mujeres, te apetece salir de copas... 

De esta época, como de todas, se pueden sacar conclusiones positivas. 

Para conocer bien a una persona no hay nada como vivir una situación límite: algunas te fallan y otras se vuelcan. Cuando te divorcias sabes con quien podrías contar para que te rescatara de una casa rodeada de zombies y quien se largaría silbando y mirando hacia otro lado con las manos en los bolsillos.

Valoras más si cabe a tu familia (un 11/10 para ellos en todo el proceso) y a los amigos que se comportan como tales. Saber a quién le importas y, por que no,  a quién no, es un tesoro de valor incalculable. 

Aquí uno descubre que la sociedad en la que vive y la justicia son, como dijo Pedro Pacheco, "un cachondeo". Descubrir que estás es un estado que maltrata de forma sistemática a los hombres en el momento del divorcio por el único hecho de ser hombres, de tener un cromosoma Y, rabo entre las piernas, con la anuencia de toda la sociedad que lo ve como "normal", es uno de las vivencias más repugnantes por las que he tenido que pasar.

Si alguien quiere conocer de primera mano que es que te discriminen por razón de género les recomiendo que pidan una custodia compartida en un divorcio sin consentimiento de la madre. Me reservo un post completo para el momentazo.  

El periodo postdivorcio inmediato que, en mi caso fue un terremoto personal en toda regla, duró unos dos años. Dos años de mierda. Sin más.


A partir de ahí, el resurgir. 

Venga, vamos a utilizar el símil más manido de la historia, el del Ave Fénix que resurge de sus cenizas. El divorcio es una oportunidad única de ser lo que quisiste ser o de volver a ser lo que dejaste de ser.


Se recupera esa libertad que todos, en mayor o menor grado, entregamos por amor con el matrimonio. 

Puedes ir al gimnasio cuando quieras, quedar con quien te da la gana, no hacer la cama en una semana y cenar pizza cada día si tienes ese capricho. 

Lo malo es lo que pierdes porque si no el divorcio sería un chollo: ese alguien a quien importas para contarles las nimiedades del día a día, a quien abrazar por las noches  y, por encima de todo y a distancia sideral sobre lo siguiente, el perderte mucho de la infancia de tus hijos. La mitad de la vida de tus hijos desaparece y solo tienes pinceladas o información distorsionada. 

La parte buena es que con una custodia compartida vuelves a tener el 50% de los días tiempo libre, una palabra que con niños pequeños resulta extraña dentro del matrimonio. Eso sí, el otro 50% tienes sesión doble: los niños son tuyos al 100%. Vida bipolar. 

Cada post divorcio es diferente y el mío tuvo dos peculiaridades: mucho apoyo familiar y la necesidad de juntar 3 guardias (lunes-jueves-sábado) cuando no tenía niños para pagar las facturas. Tiempos difíciles. 

Así que poco a poco cambias de vida y tienes esa magnífica ocasión de reencontrarte, de volver a tomar los mandos exclusivos de tu vida, de tomar las decisiones. Una segunda oportunidad que te da la vida de cambiar las cosas para bien o de equivocarte de forma tozuda.

Los siguientes 8 años de divorciado han sido intensos: he recuperado a grandes amigos que tenía abandonados, he conocido a otros, he salido con chicas maravillosas, algunas me han vuelto loco y a otras las he vuelto locas yo (sorry), he reído y he llorado, me he enamorado y desenamorado, más de una vez. Me han hecho caso o no, les he hecho caso o no. Un bonito y divertido lío con mucho de todo, a veces drama, a veces comedia y en ocasiones, vodevil.

Momentos curiosos como "pegar tu primer polvo de divorciado", una nueva primera vez enfrentándote al sexo, con todo lo de miedo escénico que significa después de 16 años haciéndolo con la misma mujer.

10 años recuperando el gusto por hacer deporte, la lectura y la escritura, salir a cenar y de copas.

10 años criando los dos magníficos ejemplares humanos que tengo por hijos, intentando inculcarles una educación y unos valores con la dificultad de no controlar el 50% de su tiempo.

10 años intentando mantener una relación civilizada con mi ex.

Pero por encima de todo si tuviera que destacar algo de estos 10 años serían dos cosas. 

La primera es todas las personas que han aparecido en mi vida, de los que recuerdo sus nombres a veces con minúsculas y a veces con mayúsculas, negrita y subrayado, algunas para quedarse y otras para compartir un rato de su vida conmigo y que nunca hubiera conocido si hubiera seguido casado. 

La segunda, que después de todos estos años me siento más yo mismo cuando me pongo delante del espejo cada mañana, me gusta mucho más lo que veo. Soy más fiel a lo que pienso, a lo que siento y a mis valores.


Así que hoy conmemoro mi divorcio y lo celebro como lo que fue, un terrible inicio de una nueva vida, que me depara sus buenos y malos momentos, pero que me ha llevado a ser más reconocible delante del espejo. 



¡Gracias a todos los que me habéis acompañado en estos 10 años! 










sábado, 4 de marzo de 2017

Hacia el funeral gitano

Esta semana el Niño Torres cayó de forma alarmante en un partido de fútbol. Se paró el partido para poder atenderlo y Fernando salió con los médicos en camilla hacia un centro hospitalario. No estaba muerto: simplemente perdió el conocimiento. Ayer "El País" nos obsequiaba con un artículo en el que decía "Torres está vivo pero el fútbol ha muerto"


El motivo es que según el articulista (Rubén Amón) el partido debería haberse detenido definitivamente y la actitud del árbitro al aplicar el reglamento (alargó los 7 minutos que no se jugaron) fue un auténtico atentado al deporte y al buen gusto. Tirando de memoria histórica se quejaba de que después del 11 de septiembre o del 11 de marzo no se suspendieran las jornadas de Champions League.  


El señor Amón aplica la lógica del funeral gitano: el que más llora, grita o gime es el que más quiere al muerto. Hay que suspender todas las actividades posibles para que se note que nos preocupaba la salud del jugador. 

Siguiendo la teoría del señor Amón no entiendo por qué no se tendría que parar una jornada de Champions tras cada uno de los atentados terroristas que suceden en Europa (5 con más de 6 muertos desde el 2014). Mejor, porque no se tendría que parar la Champions después de los atentados que hay por todo el mundo (incontables) porque nuestros muertos son iguales que los muertos del resto del mundo. O de cada mujer muerta por violencia de género. O de cada hombre. 

No entendería que se suprimiera una jornada de Champions League mientras se juega una jornada de Euroliga.  No sería comprensible que cines, teatros, bares, restaurantes y puticlubs estén abiertos. Es más, deberían estar apagadas todas las televisiones del mundo no sea que alguien disfrutara de la vida viendo una serie después de una desgracia.

Nuestra sociedad cada vez es más un funeral gitano en el que queda "guay" demostrar tu dolor por la muerte de Prince, Bowie o Pablo Ráez. Cuanto mas lo exteriorices mejor. Si un político o un personaje famoso no ha colgado nada del pobre Pablo lo acusaremos como poco de "insensible" y si se despista de "de que se alegra". Hay que poner algo tan currado como "condolencias a la familia", "un ejemplo", "un luchador" si somos personajes públicos o compartir cualquier noticia en facebook de su muerte si somos pueblo llano para ser "personas humanas" 

Quizás sería mucho más interesante que en vez de tuitear donaran dinero para investigar contra la leucemia, que el jugador que provocó el susto de Torres lo fuera a ver al hospital (igual lo hizo) o que entendiéramos que tras cada desgracia en forma de atentado el deporte ha de ser un símbolo de que no van a conseguir su objetivo y nuestro estilo de vida va a seguir inmutable. 


Son malos tiempos para el estoicismo, para esa actitud que muchos hemos admirado y seguimos haciéndolo de contención ante el dolor, ese ponerse maquillaje al día siguiente de nuestras desgracias cotidianas para tapar las lágrimas y no incomodar a los demás, que suficiente tienen con las suyas, ese entender que el silencio es, en la mayoría de las ocasiones,  el mayor homenaje y muestra de respeto que alguien puede desear.