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martes, 20 de octubre de 2026

El suelo de la pista dos

Esta noche Bruce me habló. 

Lo hizo en castellano porque su inglés era muy malo. Su castellano, regular. 

Yo estaba delante de él. Apenas a cinco metros. Me sonrió y me dijo que cantara una de sus canciones. A él. Igual que él lleva haciendo para mí desde que tenía dieciocho años. Desde aquella noche en el Camp Nou donde estuvo cuatro horas dándolo todo, en uno de los mejores momentos de mi vida.  



Nervioso, repasé mentalmente sus canciones y elegí la más hermosa del mundo —que diría Sabina—. La pista dos de Born to Run. La primera es "Thunder Road", sin duda mi canción favorita bastante por encima de todas las demás.

Era la canción perfecta, la más «Bruce» de todas: íntima, desgarradora, emotiva. Todo lo que le hace único, elevado más allá de lo que la percepción humana puede soportar y de lo que el cerebro puede definir. 

En realidad, no la conocía. Y esa es la peor pesadilla de cualquier fan: que tu ídolo te suba al escenario, te pida cantar una de sus canciones menos famosas y no recuerdes ni el estribillo. Porque, si eres un fan de verdad, te las sabes todas.

Y, sin embargo, aunque ni siquiera recordaba su nombre, todo en ella me resultaba familiar: la melodía, el ritmo, la cadencia. Mi voz, habitualmente vulgar, llegaba a los graves y a los agudos, sabía cuando susurrar y cuando aumentar el volumen. 

¿Lo mejor? Bruce me miraba satisfecho. Sonreía. Los dos escuchábamos por primera vez la canción definitiva de su carrera. Y la estábamos escuchando con mi voz. La emoción era tan intensa que podría —debía— haber muerto allí mismo. Una muerte dulce y gore a la vez: explotar henchido de felicidad. Pero me desperté. 

Y, en unos segundos, olvidé la canción.

Durante mucho tiempo tuve en mi mesilla papel y boli. Ya no. Quizá, de haberlo tenido, habría podido capturarla. Al menos la letra. Al menos una parte.


O podría haber cogido el móvil y, con voz de cazalla —eran las cinco de la madrugada—, haberla tarareado para recuperarla al día siguiente. 

Pero se fue. Mi mente la olvidó como a un amor de verano. 

La belleza de lo efímero. De los sueños. De la perfección.



Si os ha gustado el relato, os agradecería que siguierais mi blog.  

Y si queréis leer más del autor, os dejo mis 5 libros publicados con sus enlaces. 

Gracias!!!!


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