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viernes, 12 de septiembre de 2025

El "efecto Corleone" o la simpatía por el mal.

¿A alguien le caía mal Vito Corleone? ¿Algún trastornado en la sala creía algo diferente a que Michael Corleone era un gran hombre que solo defendía a su familia? 

El padrino, esa gran película que es la favorita del casi 100% de los hombres blancos heterosexuales de cincuenta años, nos muestra algo tan humano como inquietante: los malos, por muy malo que sean, nos gustan. O nos pueden gustar.  O, de entrada, nos pueden caer bien.

Pongamos otro ejemplo: el psicópata asesino que interpreta el gran Billy Bob Thornton en Fargo. Con sus valores, discutibles, como los de la familia Corleone, es nuestro amigo desde el primer crimen. No queremos, por nada del mundo, que lo detengan. Y le disculpamos cada asesinato.

Hace unos años leí una entrevista a Risto Mejide, un personaje que no me convence pero que es inteligente (sin duda) y dice cosas interesantes (a veces). Afirmaba que no le preocupaba caer mal, porque es una hecho que no tiene nada que ver con cómo eres. Igual sí con lo que dices. O con cómo lo dices. O con la camisa que llevas. Después, cuando te conocen, puedes gustar o no, y eso tiene un poco más de interés. Que tu auténtico yo agrade es algo que lógicamente nos preocupa: a  unos más y a otros menos. Depende de la necesidad de aceptación social y de lo a gusto que estés contigo mismo. 

Caer bien sin merecerlo es parte imprescindible de este efecto. 

En los libros que he escrito he detectado entre los lectores el "efecto Corleone", y me ha parecido muy curioso. Lo primero es aceptar, como autor, que un personaje que nace de tu imaginación caiga mal y asumirlo con naturalidad. Yo le tengo cariño a todos, y que hablen mal de cualquiera de ellos me rebela, de la misma manera que te indignas cuando un extraño habla mal de tu hijo o de tu mujer. Aunque el angelito sea la piel de Barrabás y tu esposa una arpía. Pero es tu arpía. 

Algunos protagonistas (Seldon de Tres caminos) están escritos para, al inicio del libro, ser antipáticos. Al ser un personaje redondo (que cambia durante la novela) cuando lo atacan diciendo que es un sobrado pienso "¡pero si es un trozo de pan!, ¡esperad a que siga la historia!" Ese sería el efecto contrario al efecto Corleone. Cae mal de forma un tanto gratuita porque sus cualidades superan a sus defectos. 

De mis cuatro libros, en el que me ha sorprendido más la opinión de los lectores ha sido en Lo que sucedió tras la muerte de mi madre. El personaje principal, Miguel, enamora. Y se entiende, porque es más majo que las pesetas. Es el efecto buscado. Pero, ¡oh sorpresa!, el comentario que me han hecho en ocasiones de ese libro es que "es demasiado perfectos". Vaya...  Es más, la crítica de ese libro realziada por una correctora profesional que me dio hasta en el DNI, y a la que no hice ni caso porque si no jamás juntaría dos palabras más sobre un papel, decía que TODOS los personajes eran demasiados maravillosos. Vaya (x2). 

En el libro hay infidelidades y secretos de esos que jamás deberían ocultarse a las personas que quieres. De Miguel, infiel reconocido, siguen pensando que es más bueno que el pan a pesar de. Isabel, sin embargo, que no tiene pecados capitales en su haber, tiene más detractores que fans. Curioso, pero la infidelidad parece más ligera que ocultar secretos o poner límites a tu vida, saber qué es importante y qué no. Para ti, no para los demás. 

En El padrino a Vito se lo perdonamos todo. Un chaval que llega desde Italia se mete en la mafia y va subiendo. Mata a quién tenga que matar. Hace aquello que sea necesario para sobrevivir por terrible que sea. Pero, al menos, como el personaje de Fargo, tiene un código. En este caso la familia, la fidelidad (que ya sabemos que, en teoría, va por delante de todo) y poco más. Las cenas familiares alrededor de una mesa, siempre con espaguetis a la boloñesa y donde no se habla de negocios, el respeto a "la Mamma", el amor por los hijos y por la esposa, aunque le pongan unos cuernos desde aquí a Lima. Unos valores tradicionales que se respetan. ¿Que asesinan y extorsionan a diario? Como diría Billy Wilder, nadie es perfecto. 

Nos daría el efecto Corleone, extendiendo el concepto, para hablar de muchos casos y personajes públicos. Desde aquellos que han visto arruinadas sus carreras por escándalos que eran naderías pero a los que se ha tratado como si fueran genocidas, a otros que, objetivamente, han tenido comportamientos mucho más criticables, rozando o entrando en lo penal, y con los que no ha pasado absolutamente nada. Y no solo en la vida pública, también en vuestros trabajos, en vuestras familias y en vuestros círculos familiares hay personas a las que se les perdona cualquier tropelía y a otros a los que no se les pasa ni una coma mal puesta. 

Sirva este escrito para reivindicar el "Efecto Corleone" y ser capaces de navegar, sin ruborizarnos, entre nuestras contradicciones. Porque, no lo negaré, amo a Vito y Michael Corleone. Y esta foto que nos hicimos en la boda de Connie, es de mis favoritas... 









Os dejo mis libros para que podáis opinar con conocimiento sobre mis "efecto Corleone"


Lo que sucedió tras la muerte de mi madre 



Tres caminos 


Una historia casi real


Mi primer amor era una bruja 











domingo, 7 de septiembre de 2025

María Pombo: entre el elitismo lector y la apología de la incultura.

María Pombo dice que leer no es importante, así que si quieres cerrar el post, tienes una defensora. 

Conozco el personaje desde hace años. De forma tangencial. Por una pareja que la seguía y a la que le parecía interesante y por alguna noticia que leo en las redes. A mí me da pereza. 



Para los que no la conozcáis, una pincelada: guapa y rica, tiene una esclerosis múltiple (relevante porque ella centra parte de su contenido en su enfermedad) y habla de lo que le viene en gana. Todo muy "somos fantásticos", incluso con sus problemas (la esclerosis) y sus debilidades. De estos instagramers que te hacen pensar que eres un desgraciado por un simple proceso comparativo. 

La polémica, algo que le conviene porque aquí estamos muchos debatiendo sobre ella y no del tiempo, vino porque habló de la lectura como quien habla de jugar a las damas. 

Empieza bien cuando dice algo en lo que yo, siendo lector y escritor, estoy de acuerdo. A veces, los grupos de lectores o los lectores extremos se creen que son una élite que habla de los desgraciados que son los no lectores. Como si fueran parias a los que habría que eliminar de la faz de la tierra porque no leen. Y, en eso, no puedo estar de acuerdo. Esta forma de sentirse superiores me parece vacía de contenido, absurda, inútil y sin sentido. Un desprecio gratuito hacia el que no lee. 

Todos los grupos que están unidos por una afición, una cualidad o una habilidad lo tienen: desde los "gymbro" pasando por los artistas, los guapos o los listos. Los que somos aficionados a Bruce Springsteen no entendemos que a alguien le parezca un pesado. Y así les pasa a todos los que tienen una pasión, que no comprenden que no la comparta todo el universo. 

Lo mismo de la ortografía. Si alguien pone "Haber si quedamos", pues lo ha puesto. ¡Qué le haremos! Es posible que en este texto falte una tilde por descuido o por ignorancia. Pido disculpas. 

1-0 para María. 

Pero luego María Pombo se desvía. Mucho. 

Una cosa es que no pase nada por no leer (no son idiotas, no hay que expulsarlos de la sociedad) y otra que afirme que da lo mismo leer que no leer. Como si fuera igual expresarse de forma fluida o torpemente. Como si fuera igual tener una buena educación o una mala. Pues no, María, no. No es que lo diga yo, es que lo dicen múltiples estudios. En múltiples áreas. Mejora la estimulación cerebral; ayuda a concentrarse algo de lo que, en la época de las redes sociales, vamos justitos; expande tu vocabulario; enriquece la conversación en fondo y forma; proporciona  capacidad para desarrollar pensamiento crítico y paralelo... 

Lo acaba de arreglar cuando dice que le gustan los libros de interiorismo, que es algo que le apasiona. Le faltó decir que, además de las fotos, también lee los pies de fotos. Como los hombres de los años ochenta con Interviú. 

La sociedad, en parte gracias a estos instagramers que tienen un punto fuerte (en su caso, moda y estilo de vida) pero opinan de todo, ha conseguido que se cree una apología de ciertas características de las personas que son negativas, intentando blanquearlas hasta que se consideren aptitudes. 

El sobrepeso y la obesidad son malos. No es una cuestión estética. Disminuye la calidad y la esperanza de vida. En Estados Unidos, que siempre nos llevan ventaja en todo, también en la estupidez, en la consulta médica si acude alguien con obesidad les tienen que preguntar algo así como "¿estaría usted confortable si abordáramos el tema de su peso?"

No hacer deporte es negativo. No hace falta hacer triatlones pero practicar deporte de forma moderada tres o cuatro veces por semana es vital para tener una vida larga y de calidad. Hecho incontestable. 

Un preámbulo: cada trayectoria vital es diferente. 

Yo he tenido la suerte de tener una buena educación (colegio concertado de calidad, universidad)  y un buen entorno lector. Recuerdo estar suscritos al Círculo de lectores cuando no había un duro en casa y las librerías repletas. Y sí, mi padre leía Zane Grey (novelas del oeste) y no mucho más. También la calidad de la lectura importa. Pero mejor una novela de tiritos que nada. Mi madre, cualquier tipo de libro. 

Leí hace unos meses, no recuerdo a quién, que una diferencia de la sociedad actual con la de hace veinte años es que ahora ser inculto cotiza al alta. No solo no avergüenza si no que la gente se ríe. Esas entrevistas a la gente joven en que les pregunta por la capital de Francia y dicen cualquier salvajada, pero se descojonan. Porque consideran que no sirve de nada. Que es una idiotez de "boomers". Les da igual saber que no saber. A mí me preguntan la capital de Bosnia y no me acuerdo o la fallo y estoy avergonzado toda la semana... 

Estoy con la instagramer, no hay que ser cruel con nadie. Tampoco por no leer . Que nadie los mire por encima del hombro. Pero María, por favor, desde el poder que te da que te sigan tres millones de personas, deja de hacer apología de la incultura. Y, ya puestos, te recomiendo que leas Fahrenheit 451.

Y si quieres, te hago llegar cualquiera de mis cuatro libros, que tus tres millones de seguidores me irían que ni pintados... 

A los que leéis, os dejo los enlaces aquí para que no perdáis tiempo googleando... 


Lo que sucedió tras la muerte de mi madre
 



Tres caminos 


Una historia casi real


Mi primer amor era una bruja 









 

miércoles, 23 de julio de 2025

Yo, robot. Tan lejos y tan cerca.

Yo, robot. Tan lejos y tan cerca.

Entre las personas a las que tengo cariño y no he tenido el placer de conocer se encuentra Isaac Asimov. Entre otros logros menores de este doctor en bioquímica se encuentra haber sido, junto a otro mindundi como Hitchcock con sus Los tres investigadores, el haberme aficionado a la lectura. 

    No soy consciente de todos los libros de ficción que he leído de Asimov. Más de diez, seguro. Recuerdo varios de Lucky Starr y la trilogía de Fundación, con sus precuelas y secuelas. Pero, por encima de todo, cuando oigo su nombre, pienso en las tres leyes de la robótica.

Para quienes no las conozcáis, aquí os las dejo:

Primera Ley: un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño.


Segunda Ley: un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si dichas órdenes entran en conflicto con la primera ley.


Tercera Ley: un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

El año pasado recuperé de mi librería de soltero Lucky Starr, el Ranger del espacio. Me recordó mis lecturas adolescentes y poco más. Fue interesante leer un libro cuyas páginas se han vuelto mates con el paso del tiempo, y que hay que manipular con cuidado porque las hojas se van despegando del lomo. Detrás de ese libro, entretenido sin más, solo se intuye el genio de Asimov. Pero volver al pasado, a veces, es bonito

    Leyendo Yo, robot (nada que ver con la película, por cierto), también rescatado del baúl de los recuerdos —como podéis ver en la foto—, recordé por qué Asimov es (¿era?, ¿hay que utilizar el pasado cuando alguien muere?) un genio, un adelantado a su tiempo, tratando temas que hoy vuelven a estar en el centro del debate.

Como Orwell en su 1984, donde nos habla de unos líderes que todo lo ven y todo lo oyen, Asimov, con sus robots y sus tres leyes de la robótica, nos enfrenta —setenta y cinco años después de la publicación de Yo, robot en 1950— a los límites de la inteligencia artificial. La que tenemos y, sobre todo, la que vendrá.

Yo, robot cuenta historias (es una recopilación de nueve relatos cortos previamente publicados entre 1940 y 1950 en revistas de ciencia ficción) en las que los robots no se comportan como estaba previsto, y muestra los conflictos que pueden surgir al aplicar las tres leyes. En las dos últimas historias se plantea un debate más amplio: si un mundo gobernado por máquinas —pero regidas por las tres leyes— podría ser mejor. Y si los humanos aceptaríamos no estar al mando a cambio de un resultado óptimo: sin hambre, sin guerras, con progreso para todos. Da que pensar. ¿Cederíamos voluntariamente el control si supiéramos que el resultado sería ideal?

Haciendo un paralelismo con nuestra época, y cambiando “robots” por “IA” (que vienen a ser, más o menos, lo mismo si le quitamos la carcasa metálica), me llama la atención que nadie se haya preocupado por establecer unas “leyes de la robótica” para la inteligencia artificial, tanto la actual como la que viene. Al menos que yo sepa. O, si las hay, que no se haya discutido de forma pública. Claro que, si Elon Musk tiene su propia IA, una idea que se base en regular el proceso ya parece, de entrada, descabellada.

La IA (los robots con IA) será buena o será mala dependiendo de la regulación, de si está enfocada a mejorar la vida de los humanos o no. Y, lo más importante: si beneficiará a la humanidad en su conjunto o solo a unos pocos. Veo a alguien como Bill Gates liderando ese proyecto, pero no a Elon Musk.

Asimov, a diferencia de Orwell, no imaginó un futuro distópico, porque siempre dibujaba un mundo en el que los robots mejoraban la situación previa. ¿Un mundo ideal? No. Uno con problemas, siempre con una cierta  inquietud de que los robots fueran más allá de los límites... pero, sobre todo, de que los humanos cruzaran la línea y crearan algún robot sin las tres leyes de la robótica. Un mundo en el que los robots nos ayudarían a ser mejores.

¿Será capaz la IA?

        Para los que no tengan alergia a leer libros de hace 75 años... os dejo el link Yo,robot

viernes, 15 de noviembre de 2024

Una historia casi real.

En unos días, pocos meses después de que lo hiciera Tres caminos, saldrá a la venta mi cuarto libro, Una historia casi real al que, por sus características especiales, quiero dedicar un post pre-lanzamiento.

Una de las preguntas repetidas de los lectores de mis libros, en especial los que me conocen, es cuánto hay de mí en los personajes y de verídico en mis obras. Es divertido ver cómo buscan similitudes entre mi auténtico yo y mis personajes (no, no me veo tan guapo y maravilloso como el Seldon de Tres caminos) o entre los secundarios y mi entorno ("¿representa Julia a tu hermano?").

La respuesta suele ser no. Reconozco que siempre tengo guiños literarios, por ejemplo en fechas de nacimiento, que además me da pereza inventarme, y que algunas de las anécdotas, más o menos modificadas, están sacadas de la vida real. Algún pasaje central de Lo que sucedió tras la muerte de mi madre está basado en hechos reales y solo ligeramente alterados. 

Pero, ¿qué sucede cuando nos inspiramos en nuestra vida amorosa, en momentos más íntimos, en nuestras relaciones pasadas? Hace unos años leí Sobrevivir a un gran amor, seis veces, de Luis Racionero. En él hablaba de los seis grandes amores de su vida. Dejando a un lado que el libro tenía una prosa graciosa y las anécdotas que contaba eran divertidas, me hizo reflexionar, dado que en esos momentos ya tenía claro que mi vida había dejado atrás la fase "la mujer de tu vida" en singular, si en el futuro podría escribir de los amores que he tenido sin parecer demasiado duro con algunos, sin ofender a otros y sin caer en una  idealización de relaciones pasadas que no se creería ni un guionista de Disney. La conclusión, que mantengo a día de hoy, es que es un libro que escribiré para mí, para recordar y para aprender de mis errores: no tengo ni tendré valor para publicarlo ni creo que nadie merezca reproches en diferido de un ex de hace dos décadas.   

Mi nuevo libro se llama Una historia casi real precisamente porque, a pesar de que casi nada de lo que narra sucedió, tengo la sensación de que, en un mundo paralelo en el que se hubiera dado una sola coincidencia que no pasó, las conversaciones hubieran sido exactamente las que he escrito. Podríamos catalogarlo dentro del apartado literario de la psudobiografía que, evidentemente, me acabo de inventar. 

El protagonista del libro (perdón por el egocentrismo) soy yo, centímetro arriba o abajo, año más, año menos, y cualidades gastronómicas mejores o peores. Un yo, ya puestos, mejorado, que hacerlo sobre un  papel es mucho más barato que la cirugía estética. Si nos fijamos en el resto de personajes, la protagonista es fácilmente reconocible para todos los que sepan algo de mi vida, y los amigos, que son figuras secundarias en las cenas donde se desarrollan los diálogos, tienen nombres y apellidos en la vida real. Me fue extraordinariamente fácil escribir el libro (pensado como obra de teatro, un poco a lo Hijos de un dios salvaje de Yasmina Reza) imaginando lo que dirían a tal o cual pregunta, o a tal y cual proposición.

Un libro que no me provoca ansiedad pensando en cómo se sentirán esas personas a las que quiero y que, sin duda, se sentirán reflejadas dada la historia que narra. Y como decían en el 1,2,3... hasta aquí puedo leer. 

Os dejo una sinopsis provisional para que vayáis haciendo boca. ¡Si la portada no falla en su plazo de entrega, espero que la tengamos publicada a principios de diciembre!

Si queréis reservar un ejemplar (o cien...) enviadme solicitud por privado vía Instagram (@fercereto)

Sinopsis. Una historia casi real.

"Una historia casi real" es una novela que explora los límites del amor, la ética y el poder del dinero en las relaciones humanas. Inspirada en un episodio personal, el autor narra la historia de una ruptura amistosa con su pareja después de cuatro años juntos, justo días antes de la Navidad de 2022.

Como cada año desde que comenzaron su relación, él había comprado dos décimos de la lotería de Navidad, uno para él y otro para ella, un símbolo del deseo de compartir la vida... y la suerte.
Ese 2022, la suerte también les fue esquiva, pero ¿qué habría sucedido si el número hubiera sido premiado? ¿Le habría entregado el boleto a su expareja o habría considerado que la ruptura cambiaba las reglas del juego?

En esta mezcla de ficción y realidad, el autor, a través de un dilema ético, se adentra en las complejidades del compromiso, el amor, la lealtad y el valor del dinero en nuestras vidas.

Una novela pensada para debatir con familiares y amigos en las sobremesas, que nos invita a la introspección y a preguntarnos: ¿qué haríamos en una situación similar?

Aprovecho para dejaros los links de los tres libros ya editados y mis redes sociales y, si os ha gustado el post, seguid el blog!!!



Mi primer amor era una bruja 






Instagram: @fercereto
X (antes Twitter): @Fercereto1970

sábado, 21 de septiembre de 2024

El caso Alaska Sanders. Joël Dicker

Nunca he sido un gran seguidor de las novelas policiacas. Creo que todas recrean una estructura excesivamente similar que le saca misterio a la trama y que leer varias seguidas es repetitivo. Pero, de tanto en cuanto, leo una, y siempre me distrae. 

De Joël Dicker espero eso, que me entretenga. Si no recuerdo mal es el tercer libro que leo de él, tras Los últimos días de nuestros padres, opera prima, y el famosísimo La verdad sobre el caso Harry Quebert. 


 "El caso Alaska Sanders" demuestra una vez más que Joël Dicker domina el género de la novela policíaca. La trama está cuidadosamente construida, entrelazando misterio, intriga y giros sorprendentes. Para mi gusto, y me pasa siempre en este tipo de novelas, demasiados giros sorprendentes. 

La trama te atrapa desde la primera página y los personajes son moderadamente complejos y bastante verosímiles. Cada autor tiene sus temas preferidos: Dicker está obsesionado con el pasado y los dramas que no hemos solucionado y ese es uno de los puntos centrales del libro, más allá de otros que son inherentes a la novela policiaca como la justicia y la búsqueda de la verdad.

Por poner un defectillo, no acabo de entender por qué todos los protagonistas hablan con un lenguaje tan poco de la calle, tan refinado y estructurado, incluso los que se explica en el libro que no tienen formación. Resta verosimilidad al relato. 

En resumen, buen libro, en especial para los amantes de la novela policiaca, que se lee de tirón y que deja con buen sabor de boca.

¡¡Os dejo el link por si alguien se anima!! El caso Alaska Sanders

Por cierto... ¿Cuál es vuestro libro favorito de Dicker? 

jueves, 22 de agosto de 2024

Baumgartner. Paul Auster. 2023

 Comprar un libro de  Paul Auster, en este caso Baumgartner, es, sobre el papel, una apuesta segura. No es decir, mira, voy a leer el último Premio Planeta a ver qué tal...  Pero pensar que va a ser un acierto sí o sí también hace que las expectativas sean muy elevadas. 


Baumgartner

Por eso, Baumgartner me ha decepcionado: a pesar de estar escrita por un autor con una trayectoria tan sólida, se revela como plana y monótona. Auster se aferra a su estilo característico de explorar la soledad y la introspección, pero carece del dinamismo de sus mejores obras.

Para empezar. el primer capítulo describe a un anciano con Alzheimer y, minispoiler, ni el libro trata ese tema ni el anciano tiene Alzheimer. Acabado el libro sigo sin entender qué pretende con ese inicio. 

El personaje principal, Baumgartner, reflexiona, básicamente, sobre su vida con su difunta mujer (muerta  hace unos ocho años) haciendo un bucle constante entre la vida actual y la anterior y su relación con ella. En lugar de evolucionar o sorprender a través de las páginas, se estanca en un ciclo de reflexiones repetitivas que no acaban de generar empatía.

La trama, es bastante plana pero lo peor de todo es acabar el libro sin saber qué nos quiere transmitir el autor, de qué trata el libro (¿del amor? ¿de la pérdida? ¿de la vejez? ¿de la soledad?), que transita por un terreno predecible, sin grandes giros. 

A pesar de todo "Baumgartner" es una novela que mantiene un nivel más que aceptable gracias a la destreza técnica de Auster (que Auster es mucho Auster) pero carece del impacto que uno esperaría de un autor de su calibre.

Y el final... sin palabras. Decir que me ha dejado frío es poco... 

Para los fans de Auster, os dejo el link

Baumgartner

¿Coincidís con mi opinión? 

¿Cuál es vuestro libro favorito de Auster? 

Os leo.



miércoles, 1 de noviembre de 2023

Tres. Dror Mishani

Tres. Dror Mishani. (2021) 

Libro de lo que se supone que es novela negra. La definición que he encontrado de este género literario es: "Novela policíaca en la que, con un enfoque realista y sociopolítico, se refleja el mundo del gangsterismo y de la criminalidad organizada en ambientes sórdidos o violentos". Pues no le cuadra demasido pero bueno... 


Tres. Dror Mishani

A Dror Mishani (Israel, 1975) se le considera como un "maestro de la novela negra actual". En la publicidad de La casa del libro ponen cosas tan hiperbólicas como "sigue la estela de grandes maestros del suspense como Alfred Hitchcock y Patricia Highsmith"

A mí los adejtivos que se me ocurren son menos hiperbólicos, la verdad. No he conseguido meterme en el libro, quizás al principio, lo reconozco, porque desde hace un tiempo me rechinan un poco las historias en las que los hombres son malos sin más explicación, simplemente como si fuera parte de su naturaleza. 

Sinopsis

"Thriller sobre tres mujeres cuyas vidas aparentemente normales se entrecruzan en un engañoso rompecabezas emocional. Orna, maestra en Tel Aviv y madre divorciada, se ha decidido a olvidar su fracasado matrimonio y empezar una vida nueva; Emilia, una cuidadora recién llegada a Israel desde Letonia, necesita a partes iguales un trabajo y un amparo espiritual que la mantengan a flote; Ella, por su parte, acude cada mañana a un cafe para terminar su tesis doctoral, pero, sobre todo, para huir de su monótona vida familiar. El destino de estas tres mujeres dará un giro trágico el día que aparezca en sus vidas Guil, un hombre que pronto dejará claro que no es quien dice ser. Aunque quizá ellas tampoco..."

No me ha convencido la forma de narrar la historia, muy aséptica, de narrador omniescente que lo ve todo pero de forma muy impersonal: tanto que le resta el dramatismo que creo que la historia merecía. Ni la trama me ha atrapado, ni me ha conmovido, ni me ha hecho devorar el libro que, por otro lado, está pulcramente escrito aunque tiene una forma de mezclar tiempos verbales que a veces resulta, cuanto menos, confusa. 

Que dos protagonistas se llamen Orna es algo que no he acabado de entender, la verdad. Es como si le pusiera Carlos al asesino y al amigo del asesinado... Además, acabas y te da la sensación de que le falta "chicha" y, el peor defecto, que no nos explique NADA de la motivación del personaje principal para actuar de la forma que actúa es algo que le resta toda credibilidad al libro. 

Leyendo las crítica que recibe el libro que no son malas (3.9/5 en Amazon) me quedo con dos: 

1- A mí, personalmente, la motivación del asesino me parece casi lo más intrigante de una novela de este estilo, y eso el autor no nos lo cuenta.

2- Se lee fácil y está bien escrita pero no es muy emocionante que digamos.

NOTA: 5 pelado. 

Por si alguien se anima os dejo el link para comprarlo: Tres

sábado, 23 de septiembre de 2023

Tan poca vida (A Little Life) Hanya Yanagihara

Tan poca vida (A Little Life) Hanya Yanagihara

Segundo libro de la escritora Hanya Yanagihara, publicado en 2015. El tercero lo acaba de sacar en 2022, esta vez sin excesivas buenas críticas. 


Librazo, absolutamente recomendable pero NO para corazones sensibles. 



    Desarrollo, intentando no hacer muchos spoilers: el libro trata, esencialmente de la vida de Jude St Francis (abogado) y de sus tres amigos de toda la vida: Willem (actor), JB (pintor) y Malcom (arquitecto) en Nueva York. 

   Imagen de TravelScape en Freepik


     El personaje central, Jude, es una persona con un pasado tormentoso con terribles traumas infantiles que no ha conseguido superar y, de una u otra manera, todo el libro gira en torno a él y la forma de intentar ayudarlo de sus amigos. Aunque el principio me resultó un poco confuso el quién es quién (no tengo muy claro, por ejemplo, quién es negro y quién es blanco) como suele pasar cuando hay muchos protagonistas que salen de golpe a la palestra, los personajes, poco a poco, quedan perfectamente perfilados. Si os pasa, aguantad. 

    Los traumas infantiles con el abuso sexual muy destacado, la amistad y la homosexualidad (menos) serían los tres temas centrales. Curiosamente es el número 1 en una curiosa categoría de Amazon que sería "gay ficción". No lo hubiera catalogado así, aunque es evidente que la temática gay es importante, pero no me parece lo central del libro ni mucho menos. 

    El libro es magnífico, con una escritura ágil, con prosa bien entrelazada pero no recargada. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto con un libro, os lo recomiendo y coincido con la crítica literaria que lo ha ensalzado de forma unánime.  Además, éxito comercial con más de 1.000.000 de ejemplares vendidos. 

    Dos avisos: es un libro muy pero muy duro. La escritora americana pone como uno de sus referentes a Roth que es un escritor que siempre remueve algo dentro del lector. Si eres de los que te gustan novelas alegres que pinten un mundo bonito y feliz, no es tu libro. 

    Es muy extenso, 1009 páginas nada más y nada menos: o sea que los que creen que un libro hay que acabarlo en dos días, a por otro. 


    Como todos los libros, alguna cosilla que chirría un poco. Todos los personajes son extraordinarios en lo suyo, como si la mediocridad no tuviera cabida en New York o en su ambiente. No hay nadie que no vaya para premio Nobel o similar: quizás un poco de normalidad en un amigo hubiera ayudado a que fuera más creíble dándole un toque más real. 

    Por otro lado, aunque ayuda a dibujar muy bien la personalidad de Jude, hay algunos pasajes que vuelven una y otra vez a lo mismo: quizás sin estas repeticiones hubiera conseguido bajar de las 800 páginas y hubiera ganado en agilidad. Siguiendo aquella máxima: si crees que al libro le sobran 100 páginas, es que le sobran 100 páginas.

    Pero quitando estos dos detalles, me parece un libro espectacular, imprescindible para lectores de novelas difíciles y de temática dura.

Os dejo el link por si la queréis comprar: Tan poca vida

Y el de su nueva obra: Al paraíso


Hanya Yanagihara 




jueves, 17 de septiembre de 2020

La importancia de los seguidores (en redes sociales) ¿Debemos comprarlos?

 En los últimos días ha saltado a la palestra un escandalito de andar por casa (de esos para entretener al personal entre emérito, Kitchen, COVID y otras hierbas) sobre un tal Rafael Cabaliere al que le han dado un premio (Espasa) a la poesía. 

Parece ser que el mérito más notorio del poeta era tener muchos seguidores en la red, un número tan exagerado como 879.000 en Twitter y 715.000 en Instagram, siguiendo él unos pocos cientos. 

No sé mucho de cómo funciona lo de comprar seguidores pero por un par de artículos que he leído el autor ha conseguido de esta forma ("pagant Sant Pere canta") ese número descabellado de seguidores, y dicen las malas lenguas, que eso ha sido decisivo para llevarse los 20.000 euritos del Premio Espasa. Lo primero es felicitar al ganador, que ha conseguido sus objetivos: es famoso, publica y gana dinero.

He leído en Instagram varios de sus poemas y no me gustan nada: serían un estilo Coelho, con ese positivismo simplón, con frases que podrían servir para decorar tazas y poco más. En este caso, además, se mezclaba con la duda de que fuera un pseudónimo o que el chico directamente no existiera, de que tan trabajados poemas fueran escritas por un ordenador, rollo IA. ¿Más marketing para que se hable del premio? 

Os dejo un ejemplo de lo que escribe: 

No nos engañemos,
cada quien elige
a quien querer,
a quien hablarle,
                                                                            a quien buscar.

Cuando algo es real,
el interés nunca se va

Insisto en que nada malo que decir sobre el chico: se ha llevado el premio y bien por él. 

Pero aquí entra una duda existencial: ¿lo que hace es lícito? ¿Debería seguir yo el mismo camino? ¿Sería la forma fácil de dar a conocer mi blog o mis libros? 

Si lees editoriales sobre el tema o escuchas a youtubers, que se suponen que saben no llegas a ninguna conclusión: muchos aconsejan que no lo hagas, que lo importante son los contenidos de calidad, bla, bla, bla (como si los contenidos de calidad fueran los que más triunfaran) y otros, más descarados, te contestan con un SÍ como un piano. Porque es más fácil que alguien siga una cuenta con 150.000 seguidores que una con 1.000 con la brillante deducción de "si lo siguen será por algo",  o porque Instagram o Google al ver más movimiento en la cuenta harán que te llegue más tráfico. Esas cosas que igual algún día habrá que comprobar. 

Cunado empecé con el blog una amiga periodista que se ha dedicado más al mundo de la comunicación me felicitó por el blog ("tienes gracia y eres polémico, me gusta") y se ofreció para comprarme seguidores. Le dije que no, gracias. Me puso ejemplos de personas conocidas (muy conocidas) que habían comprado sus primeros 100.000 seguidores: no veía nada desleal en el tema, considerándolo simplemente una ayuda, un pequeño empujón para despegar en el mundo de las redes que, al parecer, es mucho más importante que escribir bien. Porque los contenidos son buenos o malos, independientemente del número de gente que los lea (no son peores por llegar a más personas) 

Pero no lo hice, porque me pareció feo, impostado, una especie de trampa a los ojos de todos, incluso al solitario, pero quizás, solo quizás, olvidé una premisa, que tanto Facebook, como Instagram como Twitter son, en el fondo, grandes mentiras... ¿Me animo?