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sábado, 22 de abril de 2023

Un día señalado (feliz Sant Jordi)

¡Por fin Viajes imposibles está a la venta! 

Este relato era parte del libro, pero —siguiendo las preferencias de mis lectores beta— lo dejé fuera. Releyéndolo y cambiando un par de frases... no tengo claro haber sido justo con él.

Espero que os guste aunque sea el desheredado.  



Margarita brindó con su copa llena de cava chocándola con el aire, imaginando un chin chin como los que había compartido tantos años con Enrique, su esposo. A pesar de haber decidido celebrar sola, un año más, el fin de año, se había puesto sus mejores galas. Sonrió al recordar a su abuela, con su camisón de seda sin estrenar, guardado con su etiqueta por si tenia que ingresar en un hospital. Nadie nunca se lo llegó a ver puesto porque murió en su mecedora de forma repentina, envuelta en una horrible bata de mercadillo.


Aunque llegaba tarde para cumplir el dicho punk de «vive rápido, muere joven y tendrás un cadáver bonito», ya anclada en los ochenta, no renunciaba a irse lo más guapa posible, como hizo su madre. Y este año tenía la sensación de que era el definitivo. 



¿Qué se esconde detrás de un día señalado, sean festivos, santos, onomásticas o fiestas de guardar? En general poco más que fechas en el calendario que nuestra cultura ha decidido que son especiales y que, por tanto, hay que celebrarlas. ¿Es obligatorio? No. No solo se puede ir contracorriente sin que la sociedad nos aparte si no que hay especialistas en el tema y las excusas a poner son fáciles: Nochebuena y Navidad son fiestas religiosas y soy ateo (o agnóstico) argumento que aplica para los santos; no me gustan los petardos así que nada de Sant Joan; en Fin de Año todo es más caro y parece que sea obligatorio salir, así que me quedo en casa. 


Estas y otras más originales son las excusas que tenemos para escapar del rebaño y no celebrar esos días, separándonos de las masas y yendo al cine como un tremendo acto de rebeldía, o quedándonos en casa convencidos de lo especiales que somos por no ser como los demás, como si el simple hecho de diferenciarnos nos hiciera mejores. Nadie soporta sentirse uno más, aunque todos lo seamos, y estas insumisiones adolescentes son parte del sistema de defensa de nuestro frágil ego.



Margarita miraba de reojo el calendario que, desde que empezó a regalarlo La Caixa, haría ya cuarenta años, no faltaba en la puerta de su nevera con muchos días pintarrajeados: los cumpleaños y santos en rojo, el resto de citas más mundanas, como ir al médico, en azul. La rutina de cada año la obligaba a, allá por la mitad de diciembre, cuando le llegaba el almanaque del año venidero, marcar todos y cada uno de esos días especiales que se repetían. 


Su marido, entre el juego y la burla, anotaba en verde los días importantes para él, como el veinticinco de abril (nacimiento del Dios Johann Cruyff) o el veinte de mayo (fecha de la primera Copa De Europa del Barça).


El calendario de Margarita no era como el de resto de mujeres recién entradas en los setenta en los que lo que lo sobresaliente eran los cumpleaños y santos de sus hijos, nietos y amigos, a pesar de que tenía marcados todos y cada uno de los cumpleaños y santos de sus hijos, nietos y amigos (los que quedaban y los que se habían ido, porque en una especie de homenaje póstumo los seguía anotando como si tuviera que recordar felicitarlos). 


Siendo un poco observador era fácil detectar una curiosidad en la vida de Margarita (ese trozo de cartón en la puerta de un frigorífico era curiosamente representativo) que había ido construyéndose de forma inexorable con el paso de los años, como una maldición.


No tendría sentido la historia si no empezaremos por contar que Margarita había nacido el uno de enero, lo que, en contra de lo que pueda pensarse, no es nada especial: estadísticamente es el día en el que más personas celebran su cumpleaños. 


Pese a ser poco original no deja de ser una bonita fecha para empezar a montar un relato: tras las campanadas de mil novecientos cuarenta y cinco no solo empezó un nuevo año, sino también una nueva vida, metáfora fácil que habrán repetido cientos de familias. Margarita, además, nació con las campanadas. Su madre recuerda que su cabeza, en un parto veloz poco previsible para una primeriza, empezó a asomar en la primera y su primer llanto sonó justo sobre la duodécima. O eso decía. 


Su infancia no fue especial y los días señalados, excepto el uno de enero, eran los de siempre: esperaba ansiosa Reyes y Sant Joan, sus favoritas, la Navidad, su santo el veinte de julio y esas vacaciones móviles tan difíciles de ubicar como la Semana Santa y la Segunda Pascua.


Todo empezó a cambiar en la adolescencia cuando Margarita perdió a su madre. La fecha podríamos considerarla como normal, el doce de octubre, pero para su madre, una española con mayúsculas, de las que añoraba a Franco porque con él ella vivía mejor, era día grande, de ponerse las mejores galas y sacar a pasear la bandera rojigualda con orgullo en la manifestación de la Fiesta Nacional de España. El once tocaba peluquería y el doce por la mañana maquillarse para estar bien guapa para uno de los acontecimientos del año. Así que, cuando murió al llegar de la manifestación, lo hizo en el apogeo de su belleza: cincuenta y un años tenía y se despidió sin dejar causa clara de su muerte. Quizás (llenemos el relato de una vida de poesía) de un exceso de orgullo. 


Nadie reparó en la fecha, ni lo hicieron cuando su padre, un republicano que solo salió del armario con la muerte de una esposa que adoraba y a la que no se atrevía a contradecir ni en cuestiones veniales, ya no hablemos de las de relevancia como la filiación política, falleció justo una década después, un catorce de abril, Día de la República. Parecía que quisiera rendir homenaje y, a la vez, llevar la contraria a su amada y desaparecida mujer. 


Entre las dos muertes Margarita tuvo dos hijos, una chica que nació el cuatro de mayo y una chico que nació el veinticuatro de junio. No fue hasta mucho tiempo después en que esos días, fruto de una pequeña investigación, tuvieron significado para ella: la niña compartía día de cumpleaños con su actriz icónica (si tuvo un modelo a admirar en su vida fue la elegancia de Audrey Hepburn) y el chico con el de su marido, casi (casi) a la altura de su amado Johann: Leo Messi. 


Estas casualidades marcaron la vida de Margarita, entrando en ella como una parte importante de su día a día, como si fueran un trabajo o un amante. 


Empezó, poco a poco, a cumplir con una rutina maligna, repleta de miedo y esperanza cada vez que se levantaba de la cama: repasaba el santoral y miraba si coincidía con las fechas de nacimiento o muerte de los ídolos de parientes y amigos o con las celebraciones especiales, esas que sus preferencias y su estilo de vida les hacía celebrar de forma especial.


—Mamá, tengo una noticia para darte —le explicó su hijo un día de finales de enero felizmente —. Marta está embarazada, ¡vas a ser abuela! 

—¿Qué día nació Bruce Springsteen? —contestó Margarita. 

—Ni idea. 

—¿No eres tan fan?

—Sí, pero no sé cual es su fecha de nacimiento.

—Pues ese día nacerá tu hijo —respondió de forma rotunda. 

—Qué rara eres madre… —concluyó su hijo negando con la cabeza después de escuchar la respuesta más inverosímil nunca dicha por una futura abuela. 


Efectivamente, el veintitrés de septiembre, como The Boss, acudió puntual a su concierto con la vida su primer nieto. 


Margarita tuvo la cordura suficiente para que esa fuera la última vez que dejara claro que conocía cuando iban a suceder todos esos sucesos importantes en su familia. Adivinar una fecha de nacimiento, además de ser fácil, daba pie a algarabía y felicidad que todos compartían. En el reverso oscuro de esta curiosa historia, la angustia se fue abriendo paso señalando fechas en las que la amenaza de que la dejara un ser querido eran cada vez más reales. 

 

Cada once de septiembre esperaba la muerte de algún amigo independentista, el veintiocho de junio llamaba angustiada a su hermano gay y, el veinticinco de mayo, a su sobrina frikie. Su marido, al que no le conocía otra pasión que el Barça, tuvo la mala idea de, bromeando, darle una lista de fechas terribles para él: las catorce Champions del Madrid y las debacles de Sevilla contra el Steaua o contra el Milán, todas ellas (las dieciséis, en mayo) 


Como esta perspectiva, Josep, su marido, pasaba los meses de mayo intentando convencer a su mujer entre chascarrillos de que en junio seguiría vivo. 


—Hasta que no tengamos diez Champions no me muero. Y solo llevamos cinco —le decía intentando quitarle hierro al asunto, arrepentido de la broma de unos años atrás. 

—Eso espero. No me gusta la idea de ser viuda y quedarme sola con mi calendario.


Su marido, a pesar de no creer ni por un instante las supersticiones de su esposa, era extremadamente comprensivo, no solo con los nervios de Margarita de cada mes de mayo en el que lo tenía que tener localizado casi al segundo. Respetaba estoicamente el  extraño ritual que seguía cada día señalado que se basaba en repasar una lista de contactos a los que llamar: los posibles traspasados. Esa lista cada día era mayor porque Margarita, en una costumbre que le hizo ganarse fama de preguntona, aprovechaba cualquier conversación con un ser querido para saber más de sus aficiones y mitos. 


—¿Te gustan los Beatles? —preguntó a su yerno cuando les puso de música de fondo a icónico grupo. 

—Los adoro. Nadie ha hecho nada que se acerque. Pena que se separaran tan pronto. Maldita Yoko Ono —confesaba. 


Llegar a casa, abrir Google (este y no otro fue el único motivo que tuvo en la vida para aprender a utilizar un ordenador) y anotar en un papel los días ocho de diciembre y diez de abril, correspondientes a la muerte de John Lennon y la separación del grupo, eran prioridad absoluta por encima de preparar la cena o ver el final de su concurso favorito.


—No te olvides el día del nacimiento de Yoko, el demonio —le tomaba el pelo su marido. 

—Bien pensado cariño. 

—Los designios del señor son escrutables — respondía con un juego de palabras. 

—Dieciocho de febrero — dijo tras consultar su ordenador y apurarlo en el almanaque.


Pero si el peor mes era mayo, el día fatídico para Margarita era fin de año. Nacida el uno de enero estaba convencida de que moriría el treinta y uno de diciembre, posiblemente con las campanadas como banda sonora de su muerte. Su marido, en silencio, después de la cena, la cogía de la mano, le sonreía, y esperaban juntos pacientemente a que un nuevo año llegara y tuvieran paz hasta que se acercaran las hecatombes futbolísticas. 


Su marido falleció, evidentemente, en la peor derrota que recordaba. Fue un dieciocho de mayo, a las once y diez de la noche, justo a la hora en que el Milan marcó el cuarto gol. Se empezó a encontrar mal desde una hora antes, lo que debía coincidir con el silbido inicial, pero, para no angustiar a Margarita, no dijo nada. Como era de esperar, un infarto. 


Si alguna vez Margarita había tenido la más mínima duda de que su vida era un recorrido de tren con las estaciones ya marcadas, el fallecimiento de su marido la finiquitó. En un patético último intento hizo trizas el almanaque, como si matar al mensajero fuera a destruir la verdad. Pocos meses después, su independentista sobrina Laia moría el once de septiembre con el destino y las Moiras sin hacer caso a que el calendario estuviera en el contenedor azul, bien reciclado. 


Si con la edad es fácil encerrarse en uno mismo, castigado por la ausencia de sucesos emocionantes que te hagan descolgar el teléfono para contárselos a tus seres más cercanos, la falta de su marido, el único que no la trataba de majara por lo que había sido la gran afición de su vida, la remató. 


Solo quedaban ella, el calendario y los colores rojo marcando fechas señaladas (que cada vez eran más) y azul de días en lo que hacer algún recado, cada vez más escasos.


Con cada nuevo calendario (La Caixa dejó de regalarlos y decidió comprarlos de gatitos, en una extraña decisión porque nunca le habían gustado esos animales ariscos) se acercaba el último día del año y de su vida, esperando que Dios (era creyente y confiaba en que ese ser supremo juguetón la juntara con seres queridos) respetara el único deseo que tenía. 


Quería despedirse teniendo razón, irse cuando le tocaba, justo antes del sonido de la explosión de los corchos de miles de botellas de cava. Y por eso, año tras año, se ponía guapa (peluquería el treinta, maquillaje de boda y ropa de estreno para cenar el treinta y uno) y, tras una cena de gala, como la última de un reo condenado a muerte, se sentaba delante de la televisión. Brindaba, con la copa llena de cava chocándola en el aire, en un imaginario chin chin como el que había compartido tantos años con Enrique, su esposo, con el que hacía años que anhelaba reunirse. Y con la primera uva cerraba los ojos pensando, en una frase robada el repertorio culer y futbolero de su marido: «Aquest any, sí».



Si os ha gustado el relato os dejo los links para mis cinco libros ;)




Viajes imposibles. Comprar en Amazon




















lunes, 10 de abril de 2023

Recomendaciones para Sant Jordi

Llega en breve Sant Jordi y hay dos formas de encararlo desde el punto de vista del regalo literario: ser precavido e ir con los deberes hechos o callejear por toda la ciudad hasta que ves un libro que te parece adecuado. 
Spoiler: lo segundo es como el sexo en la ducha, parece estupendo pero suele salir mal. 

Para los precavidos, que conquistarán el mundo, escribo este post. 

El regalo suele ser para la pareja aunque hay que repartir amor y cultura por todos lados y puedes darle tu libro favorito a una amiga, amigo o compañero de trabajo. A lo loco. Como las rosas. 

Si es tu querida o querido,  a la que se supone que algo debes conocer más que bien, estaría bien un regalo con algo de significado. Yo me suelo decantar por intentar regalar algo especial y así he cosechado grandes éxitos y estrepitosos fracasos. 

Pero por si ayuda, os dejo una selección de mis libros favoritos con sus enlaces correspondientes para ponéroslo todo muy facilito... 

No son modernos. Lo sé. 


La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. 1984

La insoportable levedad del ser

MI RECOMENDACIÓN. Sin ningún género de dudas. Obra maestra. No tiene desperdicio. Es más, lo voy a leer otra vez en cuanto acabe el post que hace más de un año que no leo. 

Una magnífica descripción de los complicadas que son las relaciones humanas, algo que vale la pena recordar en un mundo de blanco o negro, en el que los grises cada vez están peor vistos. 

Al parecer, que eso es lo que pone si lo buscas por internet, trata de un hombre "y sus dudas existenciales en torno a la vida en pareja, convertidas en conflictos sexuales y afectivos" pero la riqueza de conceptos filosóficos con los que juega lo convierten en una delicia, aunque uno acabe el libro con la duda de si lo ha entendido y con la sensación de que lo tendrá que releer un par de veces más (o veinte) para sacarle todo el jugo.

El libro nos habla de las relaciones entre Tomás y Teresa, Tomás y Sabina, Sabina y Franz, Franz-su mujer y la chica de las gafas grandes, pero sobre todo nos introduce en el interior de Tomás, de Teresa,  de Sabina, de Franz y de sus contradicciones. 

La inutilidad de la existencia, la necesidad del eterno retorno, la fidelidad y la infidelidad, el enamoramiento, el amor, la obsesión y el sexo, el ser fiel a tus principios, todo visto desde los diferentes puntos de vista de sus personajes.

Repito: una obra maestra, una delicia. De esos libros que hay que comprarse en papel para releerlo subrayando frases y poniendo notas al margen.


Cartero. Charles Bukowsky. 1971


Leí este libro hace años tras ver Californication (serie)  y entendí  el guiño al libro: el protagonista se llama Hank y se desarrolla en California. Qué falta de cultura la mía... 

Es su primera novela y es posible que sea menos "Bukowsky" que otros: muchos menos sexo y poco soez pero infinitamente más interesante. 

La historia, la vida de un perdedor que era cartero como podía haber sido conductor de autobuses o barrendero está escrita con maestría. Consigue que nos metamos en su vida gris, con una terrible sensación de que todo es inevitable, de que no hay salida posible, de que la vida que le ha tocado vivir al protagonista es una mierda y de que cualquier atisbo de felicidad es pasajero. Que si algo puede ir mal irá mal. ¿A alguien le suena? 

Libro con gran contenido autobiográfico ya que Bukowsky trabajó más de una década como cartero y... no sigo que hago un spoiler en toda regla!!! 

Muy recomendable a pesar de que por lo visto ¡lo escribió en un mes! 

Link:  Cartero



“Némesis”. Philip Roth. 2010.



Philip Roth, Némesis
Obra maestra. Con mayúsculas y negritas. Que nadie espere de este autor, al que pongo como uno de mis favoritos desde que leí esta obra, grandes descripciones metafóricas, de esas en las que se describe con un preciosismo maravilloso como una gota de rocío cae de un pétalo de rosa al atardecer. 

Un maestro a la hora de escoger una historia en las que nos metemos en la piel de unos personajes (pocos) y dejar que fluya hasta el final. Sin dramatismos más allá de los que tiene la historia. Sin adornos innecesarios. Una maravilla.

Némesis narra la historia de un profesor de educación física durante un brote de polio en los Estados Unidos de los años 60. Un hombre bueno enfrentado a unas circunstancias extraordinariamente difíciles en las que uno se plantea si habría elegido los mismos caminos y si realmente el protagonista escogió bien. Abstenerse los  hipocondríacos o los sensibles. 

Como bonus, si os gusta el libro es que os gusta Roth y tenéis más de 10 obras de arte para degustar.


 
1984 (George Orwell, 1949) 



Es la novela distópica por antonomasia. 
Si no lo habéis leído, recomendación número 1 y es un buen regalo para los adolescentes de la casa que lean poco. 
Creo que hay poco que decir de ella excepto que debería ser de lectura obligatoria en el colegio por delante de casi todo. Winston y Julia son adorables por su bonita de historia de amor y por pardillos. Que el Gran Hermano puede que no este tan lejos como pensábamos o que viendo el libro hagamos paralelismos con nuestra época que no hacíamos le da cada día más valor, estilo Nostradamus. 

Link:  1984


Fahrenheit 451. Ray Bradbury. 1953

Mis libros favoritos    
     Para mí el segundo gran clásico de la ciencia ficción, solo justo 
por debajo de “1984” y dejando a Asimov a un lado. 

     451 grados Fahrenheit es la temperatura a la que arde el papel. 
El protagonista  es un bombero cuya misión es quemar libros para que la   gente no se sienta infeliz leyéndolos, con la excusa de la desigualdad que pueden generar o la angustia de lo desconocido. 

Mérito de este libro es describir a la sociedad totalmente sometidas a una especie de TV interactiva que acababa siendo su vida, el primero en el que el divertimento se acaba comiendo al individuo… 
La Mass media sería el “soma” de “Un mundo feliz”

   Otro libro que es más creíble que hace diez años y, seguramente, lo es menos que en otra década. 

Link: Farenheit451


Si queréis darle un toque picante a vuestra relación, Sant Jordi siempre es buena opción. Porque Gray ya queda muy lejos... 


Historia de “O”. Pauline Réage. (pseudónimo de Dominique Aury, nacida Anne Desclos, menudo lío) 1954.


Mis libros favoritos

Es la historia de una mujer que por amor a su “maestro” ingresa en una fraternidad sadomasoquista donde se convierte en una sumisa de los pies a la cabeza.

Varias consideraciones. La primera es que la autora (sí, una mujer) la escribió para “poner” a su amante, la segunda es que la escribió con pseudónimo porque si no la expulsan de Francia (donde su publicación fue una bomba, año 1954) y la tercera es que es un libro no apto para los que creen que el sado es una cosa dulce, rollo Disney. 







Justine o los infortunios de la virtud. 1791. Marqués de Sade


Mis libros favoritosComo siempre hay que situarse en el año de publicación del libro para valorarlo en su justa medida.  Justine en 1791!!!!!

No lo puedo considerar como de mis favoritos pero. sin duda, es diferte. 

Una barbaridad de libro porque no se puede ser más animal. La historia de la pobre Justine desde que sale del pueblo es para echarse a llorar. La moraleja es muy fácil: cuánto más virtuoso seas peor te irá y cuanto más vicioso, mejor.

Al final se hace un poco repetitivo. Muy bien escrito, es un libro sin duda diferente al resto. Leedlo aunque sea a la vez que otros libros para ir descansando entre violación y violación, que de eso va el libro. 

Imprescindible para entender de donde viene la palabra “sadismo” (de Sade claro…) Que no lo lea nadie que crea que los libros no pueden hablar de pederastia (Lolita) o violaciones (Sade) pero sí de descuartizar personas.  

Quizás no es el libro ideal para el dia de los enamorados en Catalunya... pero cada uno conocerá a su pareja!!! 

PD: si alguien lo quiere leer, apuesto doble contra sencillo que lo acaban rescribiendo o prohibiendo directamente. Daros prisa. 

 Link; Justine


Y para acabar, el spam habitual!!!  Prometo que el año que viene daré la matraca con, al menos, un libro nuevo (creo que serán dos...) Pero si no los habéis leído... inexcusable!!!




martes, 22 de marzo de 2022

Feliz día del padre (y de la madre)

    El día del Padre ya ha pasado, lo sé. Así que escribo el post cuando el tema ya no es ni actualidad ni trending topic. Lo hago a toro pasado porque me ha llamado (igual más que en otros años) la atención el intento de apropiación del femenismo (bien o mal entendido, allí ya lo dejo a elección del lector) y del "buenismo" de este día. 

    Como casi siempre empiezo por una nota culta, de esas mías de haberme pasado horas investigando sobre el tema: vamos, que he mirado que dice Wikipedia de la fiesta y poco más. Os hago partícipes de tan agotador proceso. 

    Al parecer la primera que tuvo la idea de semejante fiesta tuvo lugar en Estados Unidos: fue de Sonora Smart Dodd, una niña huérfana de madre a la que crió su padre. Seis hermanos, nada más y nada menos, eran. La niña, en un sermón del Día de la Madre pensó ¿y del Padre? Y así, el 19 de junio de 1910, se celebró el primer Día del Padre en Washington. En España no fue hasta 1948 en que una maestra, Manuela Vicente Ferrero, tuvo la idea de que las niñas de su clase dedicaran un día a dar reconocimiento a sus padres (en ese momento con manualidades y una misa, of course)

    Desde que tengo uso de razón el día del padre era algo sencillo. Empezaba en el cole con un cenicero de barro (debía ser que todos los padres fumaban en aquella época) o un punto de libro. Algo simple que quería decir "te quiero, papá" o similar. Un reconocimiento a que (también) eran importantes. Llegabas a casa, se lo dabas, dos besos y poco más. 

    Cuando he pasado de ser hijo a ser padre, en mi casa la cuestión ha sido la misma. Un detalle y una muestra de cariño. Poca parafernalia, no nos vamos a comer los tres (mis dos hijos y yo) si no toca "semana con" de divorciado. El día del padre es cada día, y espero (y tengo, aunque sea tácito) un reconocimiento a mi labor en el día a día, en el amor que me tienen y en el respeto con el que me tratan. 

    Con las redes sociales todo ha de ser, evidentemente, más aparente y grandilocuente; he visto la foto de muchos padres colgadas en Instagram, a veces de archivo, muchas de ellas color sepia, otras con una comida paellera de ese mismo sábado o domingo. Unas de padres que aún están y otras de padres que se fueron.  

    Hasta ahí todo perfecto. Pero vamos al lío. 

  Para empezar, en una manía de querer mezclarlo todo, una de las primeras felicitaciones que recibí fue, en un grupo de whats, "Feliz día del padre y del padre-madre". Cachis. Ya estamos. Ni un solo día podemos ser protagonistas. Dentro del grupo, dos equipos: los del "bien dicho" y los de "¿es el día del padre-madre y yo sin enterarme y con estos pelos?" 

  ¿Por qué esa manía de intentar invadirlo todo del feminismo (o el nuevo feminismo)? ¿No puede quedar como día del padre y punto? Pues no: como hay padres que no se han hecho cargo de los hijos o como hay padres ausentes, hay que decirles a las madres corajes que ese también es su día. 

    Llamadme malpensado pero me parece, una vez más, que lo que se intenta es asociar el mal al sexo masculino y el bien al femenino. Lo que debía ser un día en el que se glosan las bondades de los buenos padres (que son la inmensa mayoría, como las madres, todos y todas con sus limitaciones) se tiene que teñir con la tara de los malos padres. E insinuar que las madres nos suplantan porque no damos la talla. En fin, Serafín. Pues vale. 

    Y no hablo de Georgina, una chica de quince años que felicita a su madre, que se quedó viuda cuando ella tenía año y medio. Esa felicitación me parece un reconocimiento triste (por el padre que nunca pudo estar) y precioso (como todo lo que se hace desde el amor) a su madre. Hablo de ese tonito de "feliz día del padre a ellas también, que han tenido que hacer el trabajo de los dos porque los hombres no dais para más". Twitter estaba lleno, seguro que menos que en la vida real. Y, al menos a mí, me cansa. 

    Sé que hay una parte del feminismo que cree que, si a mi (y a muchos hombres, y a muchas mujeres) nos fastidia el tema es que lo están haciendo bien. Opino lo contrario, hartar a los que deberían ser tus aliados nunca puede ser positivo. 

    La segunda parte viene por la corriente de lo políticamente correcto y el no hacer nada para no ofender a nadie o, incluso, cambiar tradiciones como esta que, con la tontería, tienen setenta años en España. Como hay niños que no tienen padre, hay que suspender el día para que no estén tristes. Y como también hay niños que no tienen madre, pues también suspender ese día y crear el día de la familia (que suspenderemos en breve, porque hay niños sin familia). 

    Que nadie crea que soy un carca, más bien al contrario, pero normalizar que hayan todo tipo de estructuras familiares va por asumirlas con todo lo que conllevan, no por demonizar las tradicionales. Y si un niño no tiene padre porque su estructura familiar es otra, se le explica y ya está. Y ese día no hace el punto de libro para su padre, se lo hace a su madre (o madres). Sin más. 

    El miedo irracional y absurdo a que un niño tenga un día triste y llore (por su padre muerto, por su padre ausente, por no tener padre) es una tontería como un piano. Intentar aislar a los niños de todo sufrimiento, incluido el momentáneo, es absurdo, y no dejar que vayan conociendo lo que es el mundo. En esta ocasión. como huérfano de padre desde los trece, creo que puedo hablar con un cierto conocimiento de causa, lo que se dice muy de primera mano. 

    Si es el día del padre y eres huérfano es un momento para recordarlo, en su momento lo hice con catorce y ahora con cincuenta y un años, haciendo un ejercicio de imaginación y pensar como sería mi padre con ochenta y dos que tendría ahora, porque, como los muertos no envejecen, en mi memoria se conserva con el aspecto de la edad con la que murió: sigue teniendo cuarenta y cuatro, un chaval. 

    Y, sí, quizás cuando era un adolescente, a los catorce, apenas medio año después de su muerte, el primer día del padre fue un día especialmente duro para mí. Como la primera Navidad, mi primer cumpleaños sin él o las primeras vacaciones de verano. ¿Y? ¿Se tendrían que haber suspendido? ¿Quiere eso decir que el resto de mis compañeros no podían decir a sus padres que los querían y eran especiales para ellos? ¿Quiere eso decir que había que esconder ese día para que yo "no sufriera", como si el resto del año la vida (mi vida) hubiera sido un camino de rosas? 

    A mi madre no la he felicitado nunca el día del padre, que recuerde, y no hay nadie que merezca más felicitaciones: ya tenía (y tiene) su día un mes y medio después. 

    Defendamos el día del padre, el de la madre y creemos, si nos apetece, el día de la familia, porque todo lo que sea un reconocimiento a las personas que te quieren y que luchan (o lucharon cuanto tocó) por sacarte adelante es justo y es positivo. Y dejémonos de tanta tontería y de ese feminismo que solo divide y que pone siempre el acento en la parte negativa de los hombres, porque yo, salvo deshonrosas excepciones, solo conozco padrazos que darían la vida por sus hijos. 

    Así que aprovecho para reivindicar, en este post tardío del día del padre, al mío, que, desgraciadamente, hace tanto tiempo que nos dejó que es un conjunto de recuerdos deslavazados por el tiempo, aderezados de fotos en blanco y negro o color sepia, que uno ya tiene una edad. Estoy seguro de que hubiera disfrutado conmigo el día diecinueve con una comida y el veinte de marzo, un día después de su día, recibiendo como regalo atrasado un  cero a cuatro al Madrid.



Si os ha gustado y os animáis a seguir leyéndome... os dejo el link de mi último libro. 

Lo que sucedió tras la muerte de mi madre

y del primero!!! 

Mi primer amor era una bruja

jueves, 17 de septiembre de 2020

La importancia de los seguidores (en redes sociales) ¿Debemos comprarlos?

 En los últimos días ha saltado a la palestra un escandalito de andar por casa (de esos para entretener al personal entre emérito, Kitchen, COVID y otras hierbas) sobre un tal Rafael Cabaliere al que le han dado un premio (Espasa) a la poesía. 

Parece ser que el mérito más notorio del poeta era tener muchos seguidores en la red, un número tan exagerado como 879.000 en Twitter y 715.000 en Instagram, siguiendo él unos pocos cientos. 

No sé mucho de cómo funciona lo de comprar seguidores pero por un par de artículos que he leído el autor ha conseguido de esta forma ("pagant Sant Pere canta") ese número descabellado de seguidores, y dicen las malas lenguas, que eso ha sido decisivo para llevarse los 20.000 euritos del Premio Espasa. Lo primero es felicitar al ganador, que ha conseguido sus objetivos: es famoso, publica y gana dinero.

He leído en Instagram varios de sus poemas y no me gustan nada: serían un estilo Coelho, con ese positivismo simplón, con frases que podrían servir para decorar tazas y poco más. En este caso, además, se mezclaba con la duda de que fuera un pseudónimo o que el chico directamente no existiera, de que tan trabajados poemas fueran escritas por un ordenador, rollo IA. ¿Más marketing para que se hable del premio? 

Os dejo un ejemplo de lo que escribe: 

No nos engañemos,
cada quien elige
a quien querer,
a quien hablarle,
                                                                            a quien buscar.

Cuando algo es real,
el interés nunca se va

Insisto en que nada malo que decir sobre el chico: se ha llevado el premio y bien por él. 

Pero aquí entra una duda existencial: ¿lo que hace es lícito? ¿Debería seguir yo el mismo camino? ¿Sería la forma fácil de dar a conocer mi blog o mis libros? 

Si lees editoriales sobre el tema o escuchas a youtubers, que se suponen que saben no llegas a ninguna conclusión: muchos aconsejan que no lo hagas, que lo importante son los contenidos de calidad, bla, bla, bla (como si los contenidos de calidad fueran los que más triunfaran) y otros, más descarados, te contestan con un SÍ como un piano. Porque es más fácil que alguien siga una cuenta con 150.000 seguidores que una con 1.000 con la brillante deducción de "si lo siguen será por algo",  o porque Instagram o Google al ver más movimiento en la cuenta harán que te llegue más tráfico. Esas cosas que igual algún día habrá que comprobar. 

Cunado empecé con el blog una amiga periodista que se ha dedicado más al mundo de la comunicación me felicitó por el blog ("tienes gracia y eres polémico, me gusta") y se ofreció para comprarme seguidores. Le dije que no, gracias. Me puso ejemplos de personas conocidas (muy conocidas) que habían comprado sus primeros 100.000 seguidores: no veía nada desleal en el tema, considerándolo simplemente una ayuda, un pequeño empujón para despegar en el mundo de las redes que, al parecer, es mucho más importante que escribir bien. Porque los contenidos son buenos o malos, independientemente del número de gente que los lea (no son peores por llegar a más personas) 

Pero no lo hice, porque me pareció feo, impostado, una especie de trampa a los ojos de todos, incluso al solitario, pero quizás, solo quizás, olvidé una premisa, que tanto Facebook, como Instagram como Twitter son, en el fondo, grandes mentiras... ¿Me animo? 


 

viernes, 28 de agosto de 2020

El Dalsy, la nueva estrella mediática de la COVID. La vuelta al cole.

El Ministro Illa ha tenido la osadía de decir que enviar a los niños al colegio con sintomatología compatible con la COVID sería una barbaridad. Las redes, esa cosa etérea, se le ha tirado encima diciendo que está de espaldas a la realidad: vamos, que lo han puesto a parir. 

Empecemos con un símil para entender más fácilmente el concepto: hasta hace dos meses los pacientes respiratorios, cuando acudían a urgencias, entraban como los demás. A nadie se le ocurría que debía llevar una mascarilla para evitar contagiar a los otros pacientes ni al profesional sanitario. Si la enfermera de triaje le hubiera dado una mascarilla quirúrgica, no se la hubiera puesto o se hubiera convertido en un detractor al sentirse vejado, como si lo hubiéramos tratado como a un apestado.

A día de hoy, en plena pandemia, no llevar mascarilla en urgencias (más aún un paciente respiratorio) sería una barbaridad. Porque no hablamos de contagiar la gripe o un resfriado común, sino el coronavirus. 

Que no hacerlo antes fuera un error creo que todos los que trabajamos en hospitales lo hemos entendido y que, pasada la pandemia, a todo paciente con fiebre o tos, de entrada, se le dará una mascarilla, una evidencia, a no ser que seamos unos rematados inconscientes. 

Repasemos lo que ha dicho Illa al respecto. 

"No concibo que un padre o una madre lleven a un niño, sabiendo que no está en condiciones, al centro escolar, poniendo en riesgo la salud de su hijo y del resto de alumnos. De todo hay, pero francamente no lo concibo. Si hay que sancionar esto... en fin".

La crítica es la de siempre: que vive en una burbuja, que será que él no lo ha hecho nunca, que, claro, si tienes canguro es más fácil pero los que no tenemos qué.... 

Es posible que  Illa le hay faltado empatía al utilizar el "no lo concibo" pero lo que dice no tiene mucha crítica, 

Es evidente, que despertarte a las ocho de la mañana y ver que tu hijo tiene fiebre y no puede ir al cole, es una de aquellas cosillas que te destrozan el día. Porque has de entrar a las nueve a trabajar, porque igual hace dos semanas ya te pasó algo parecido con tu hijo mayor y el jefe pone muy mala cara, porque hay que empezar a localizar a abuelas (mal negocio en este caso) o canguros para que se hagan cargo del niño... Un follón de narices. 

Pero, aún así, el recurso de darle el Dalsy (o el Apiretal, que nadie se enfade) y enviarlo al cole, no es una actitud válida, aunque se haya hecho "toda la vida" y "no haya pasado nada" y aunque "lo hayamos hecho todos". 

Primero, que se haya hecho mal toda la vida es una muy mala excusa, como lo de no poner las mascarillas a los respiratorios en urgencias, y  segundo, llevar a tu hijo al colegio si crees que tiene (o puede tener) el coronavirus (cualquier cuadro viral) no deja de ser un atentado contra la salud pública, aunque tengamos mil motivos (no hablo de excusas) para hacerlo. 

Y, es evidente, el gobierno y los empresarios van a tener que poner todo de su parte para que los trabajadores no sufran las consecuencias de la combinación "hijos-pandemia" y, en algunos casos, no lo harán. Pero, en lo que respecta a Illa, que es ministro de Sanidad, me parece poco criticable la frase.  

Nadie dice que sea fácil, no lo es, pero el recurso (mal recurso) que hemos utilizado todos en tiempos pre-pandemia, no es válido ahora.  El que crea que nuestra vida este invierno será un paseo por el bosque, se equivoca.

Y sí, si hay que hacer este post para explicarlo, es que una buena parte de la sociedad no ha entendido nada de nada de nada....




lunes, 24 de agosto de 2020

La PCR de SARS-CoV-2 y cuando, para acertar, hay que errar en diecinueve de cada veinte ocasiones.

A todos nos gusta acertar: fallar, también en medicina, está mal visto. Pero en la pandemia por coronavirus, nos guste o no, hay que "fallar" en diecinueve de cada veinte PCRs según la OMS. Y creo que acierta. 

Recapitulemos y pensemos en una patología que hay que descartar con una prueba relativamente cara y cruenta: la embolia pulmonar. Tiene unas ciertas (salvando miles de km de distancia) similitudes con la COVID: amplia variabilidad en su sintomatología y posible gravedad hasta provocar la muerte en algunos pacientes.     

La enfermedad trombomebólica es una enfermedad en la que, si el médico que siempre que pide un AngioTAC torácico la diagnostica, si todas sus sospechas son "positivos", demuestra que es un mal profesional: para diagnosticar cinco hay que pedir diez TACs. O veinte. Si los "aciertas" todos es que se te escapan muchos. "Fallar" esos quince TACs no deja de ser un acierto global, un pequeño peaje en forma de ataque a tu ego, en forma de error aparente, que debemos pagar sin rechistar. 

Algo así sucede con las PCR de la COVID. Has de pedir muchas, muchísimas, hasta veinte para tener una positiva si quieres estar haciendo un buen trabajo. Y eso, a veces, cuesta de asumir. 

Ahora mismo en España estamos en el 7.9% de PCR positivas, pero con regiones por encima del 12%. En otras palabras, hacemos más o menos la mitad (dependiendo de las zonas hasta un tercio) de las que deberíamos. 

Seguramente la responsabilidad, como siempre compartida, es en su  mayor parte de las instituciones que no han puesto los recursos necesarios para realizar más cribajes, pero como médicos, siempre podemos poner nuestro granito de arena para hacer las cosas lo mejor posible. 

Porque, desde urgencias, es muy fácil altar a alguien con febrícula y diarreas o odinofagia con el diagnóstico de viriasis sin PCR. Si tiene veinte años, las repercusiones para su salud por no hacer la PCR son mínimas o nulas, pero, sin embargo, a nivel de salud de  la población, es un error; se contribuye a no atajar  la pandemia dado que este caso no diagnosticado puede infectar sus contactos al no asilarse y podemos no diagnosticar a contactos que sean positivos asintomáticos. 

Es evidente que el 5% que pide la OMS es de PCRs globales, no de las pedidas desde urgencias pero me sirve como ejemplo. 

En twitter leí ayer un comentario de un médico que decía que posiblemente este 7% era porque antes de pedía a "todo el mundo que tenía cualquier síntoma que podía ser COVID" y ahora " se afinaba más". Ese tweet me animó a escribir este post porque ese concepto me parece un terrible error. 

Así que, desde urgencias hemos de pedir PCR, PCR, PCR y más PCR a todo paciente con clínica compatible, aunque creamos que, muy probablemente, será negativo. Como el angioTAC con la embolia pulmonar, el objetivo es que no se nos escape ninguno, no acertarlos todos. 

Y si eres médico de guardia o de primaria y "solo" has encontrado 1 positivo de las últimos 20 PCR que has pedido...  felicidades!!!!! has hecho un buen trabajo!!!!!

Y ánimo a todos, que vienen curvas (cerradas) otra vez.