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sábado, 21 de marzo de 2020

Las personas en la era del coronavirus. Nuestros actos nos definen.

Hoy tengo un día de descanso. Mis compañeros me cubren y me he quedado en casa para las jornadas que vienen, que serán intensas. Momento de intentar despejar cuerpo y mente para las dos terribles semanas que se acercan según las curvas epidemiológicas con las que todos nos hemos familiarizado. El descanso es una parte de un buen trabajo. A veces lo olvidamos.

No es este un post reivindicativo del personal sanitario: creo que se ha dicho todo y la ovación de cada día a las 20 horas ya nos llena. Solo decir que estoy de acuerdo en considerar a las señoras de la limpieza o la seguridad del hospital como parte de nuestro equipo como si fueran camilleros, celadores, auxiliares, enfermeras o médicos.

También me gustaría destacar la infinita comprensión por parte de las familias con las que se tiene que tener un trato que raya lo inhumano y a las que desde aquí les pido perdón. Aislamos a pacientes graves que pueden (o van) a morir: algunos lo harán solos. Terrible.

Tampoco me parece el momento de hacer las justas reivindicaciones salariales. Eso vendrá después. Ahora me parece de mal gusto hasta sugerirlo.

O de hablar del aislamiento que en la era de Netflix, Kindle, Skype... es menos aislamiento. Pero, aún así, será duro. Ánimos a todos.

En el post me gustaría hablar de la parte personal, de cómo nos enfrentamos a los retos, a las desgracias, a las situaciones de stress.

Tiraré de historia familiar para recordar un pasaje de la vida de mi madre, que le robo sin su permiso: mi madre enviudó a lo 38 años y, unos años después, volvió "a salir".  Conoció a Jaime, un hombre que le gustaba: iban de cena, de copas, mucho ji ji y ja ja. El ligoteo de toda la vida iba bien. Pero lo que la acabó de convencer de que quería pasar su vida con él fue ver como le afectó la muerte de su hijo en un inesperado accidente. Porque ese día lo conoció de verdad, en la desgracia, sin las ataduras de los disfraces que todos llevamos puestos en el día a día. Y le gustó mucho lo que vio. No se equivocó: Jaime, en los años en que estuvimos con él hasta que también nos dejó (ya es mala suerte), demostró que era una gran persona.

Esto nos va a pasar a nosotros en esta crisis.

Dentro del personal sanitario, en las pocas (pero eternas) semanas que han pasado desde el inicio de la crisis nos hemos equivocado todos. Absolutamente todos, y los primeros los que hemos tenido que tomar decisiones de cualquier tipo respecto a lo que hay que hacer en el día a día en los centros sanitarios. No ha sido fácil gestionar la crisis, y más difícil que lo será. Hemos trabajado con protocolos que servían por la mañana pero no por la tarde y, siguiéndolos, hemos vuelto locos a enfermería pidiéndoles que se protegieran de una forma A el martes, luego B el miércoles y luego A el jueves. Y lo hemos intentado explicar con más o menos éxito.

Nos han llegado protocolos de tratamiento de 20 hospitales de tercer nivel, todos ellos diferentes. 

La epidemia (pandemia) de coronavirus nos va a poner a todos al límite, a los que trabajamos en el sector sanitario en especial.

Hay una de esas frases rollo Mr Wonderful que, en una crisis y en el mundo de Instagram, tiene más vigencia que nunca: "nuestros actos, y no las palabras, son lo que nos definen"

Y esta es la "ventaja" de una pandemia: que todos nos vamos a conocer mejor. Aquí vamos a ver quién se toma esto como unas vacaciones pagadas y quién como un ejercicio de responsabilidad, quién hace caso y quién no a la sugerencia (¿por qué no prohibición?) de no salir de casa, quién llama a su familia entendiendo que están pasándolo mal y quién no. Quién se acuerda de ti y quién no. Quién pone por delante sus intereses a la salud pública. Quién vale la pena y quién no. 

Y, en nuestro círculo cercano tendremos a nuestros amigos, compañeros, conocidos y familia que nos van a dejar claro a quienes escogeríamos como nuestros compañeros a un viaje al fin del mundo. Vamos a saber quién pone que ama su trabajo solo en las fotos de Instagram y quién lo hace en la vida real.

Y vamos a tener que intentar tratarnos todos bien, con cariño. Y, a veces, con el stress, no lo conseguiremos y nos sentiremos mal al día siguiente (o 10 minutos después) y haremos todo lo posible para que no se repita. Con o sin éxito. Yo el primero.

Y nos vamos a volver a equivocar todos y tendremos que ser magnánimos con los errores de los demás y generosos con sus aciertos porque nos gustaría recibir el mismo trato. Sería un detalle nos fuéramos dando las gracias y reconociendo el esfuerzo día a día.

Detalles como el pastel con el que María, la auxiliar de consultas, nos endulzó el primer pase de guardia de la crisis, los múltiples médicos de otras especialidades (trauma, pedia, cardio, medicina nuclear...) que se ofrecen a hacer lo que sea, de residente, las notas en el ascensor de las vecinas de la escalera ofreciéndose para ayudar a los ancianos a ir a la compra...

Todo suma y nos ha de hacer recordar que, en general, la gente es maravillosa y no podemos dejar que un diez por ciento de personas egoístas e insolidarias nos hagan pensar que la humanidad merece ser destruida.

Y ánimos a todos mis compañeros del personal sanitario porque me temo que nos vamos a ir llorando a casa más de un día.

Ánimo para todos: profesionales, aislados y, sobre todo, pacientes.