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viernes, 28 de agosto de 2020

El Dalsy, la nueva estrella mediática de la COVID. La vuelta al cole.

El Ministro Illa ha tenido la osadía de decir que enviar a los niños al colegio con sintomatología compatible con la COVID sería una barbaridad. Las redes, esa cosa etérea, se le ha tirado encima diciendo que está de espaldas a la realidad: vamos, que lo han puesto a parir. 

Empecemos con un símil para entender más fácilmente el concepto: hasta hace dos meses los pacientes respiratorios, cuando acudían a urgencias, entraban como los demás. A nadie se le ocurría que debía llevar una mascarilla para evitar contagiar a los otros pacientes ni al profesional sanitario. Si la enfermera de triaje le hubiera dado una mascarilla quirúrgica, no se la hubiera puesto o se hubiera convertido en un detractor al sentirse vejado, como si lo hubiéramos tratado como a un apestado.

A día de hoy, en plena pandemia, no llevar mascarilla en urgencias (más aún un paciente respiratorio) sería una barbaridad. Porque no hablamos de contagiar la gripe o un resfriado común, sino el coronavirus. 

Que no hacerlo antes fuera un error creo que todos los que trabajamos en hospitales lo hemos entendido y que, pasada la pandemia, a todo paciente con fiebre o tos, de entrada, se le dará una mascarilla, una evidencia, a no ser que seamos unos rematados inconscientes. 

Repasemos lo que ha dicho Illa al respecto. 

"No concibo que un padre o una madre lleven a un niño, sabiendo que no está en condiciones, al centro escolar, poniendo en riesgo la salud de su hijo y del resto de alumnos. De todo hay, pero francamente no lo concibo. Si hay que sancionar esto... en fin".

La crítica es la de siempre: que vive en una burbuja, que será que él no lo ha hecho nunca, que, claro, si tienes canguro es más fácil pero los que no tenemos qué.... 

Es posible que  Illa le hay faltado empatía al utilizar el "no lo concibo" pero lo que dice no tiene mucha crítica, 

Es evidente, que despertarte a las ocho de la mañana y ver que tu hijo tiene fiebre y no puede ir al cole, es una de aquellas cosillas que te destrozan el día. Porque has de entrar a las nueve a trabajar, porque igual hace dos semanas ya te pasó algo parecido con tu hijo mayor y el jefe pone muy mala cara, porque hay que empezar a localizar a abuelas (mal negocio en este caso) o canguros para que se hagan cargo del niño... Un follón de narices. 

Pero, aún así, el recurso de darle el Dalsy (o el Apiretal, que nadie se enfade) y enviarlo al cole, no es una actitud válida, aunque se haya hecho "toda la vida" y "no haya pasado nada" y aunque "lo hayamos hecho todos". 

Primero, que se haya hecho mal toda la vida es una muy mala excusa, como lo de no poner las mascarillas a los respiratorios en urgencias, y  segundo, llevar a tu hijo al colegio si crees que tiene (o puede tener) el coronavirus (cualquier cuadro viral) no deja de ser un atentado contra la salud pública, aunque tengamos mil motivos (no hablo de excusas) para hacerlo. 

Y, es evidente, el gobierno y los empresarios van a tener que poner todo de su parte para que los trabajadores no sufran las consecuencias de la combinación "hijos-pandemia" y, en algunos casos, no lo harán. Pero, en lo que respecta a Illa, que es ministro de Sanidad, me parece poco criticable la frase.  

Nadie dice que sea fácil, no lo es, pero el recurso (mal recurso) que hemos utilizado todos en tiempos pre-pandemia, no es válido ahora.  El que crea que nuestra vida este invierno será un paseo por el bosque, se equivoca.

Y sí, si hay que hacer este post para explicarlo, es que una buena parte de la sociedad no ha entendido nada de nada de nada....




lunes, 24 de agosto de 2020

La PCR de SARS-CoV-2 y cuando, para acertar, hay que errar en diecinueve de cada veinte ocasiones.

A todos nos gusta acertar: fallar, también en medicina, está mal visto. Pero en la pandemia por coronavirus, nos guste o no, hay que "fallar" en diecinueve de cada veinte PCRs según la OMS. Y creo que acierta. 

Recapitulemos y pensemos en una patología que hay que descartar con una prueba relativamente cara y cruenta: la embolia pulmonar. Tiene unas ciertas (salvando miles de km de distancia) similitudes con la COVID: amplia variabilidad en su sintomatología y posible gravedad hasta provocar la muerte en algunos pacientes.     

La enfermedad trombomebólica es una enfermedad en la que, si el médico que siempre que pide un AngioTAC torácico la diagnostica, si todas sus sospechas son "positivos", demuestra que es un mal profesional: para diagnosticar cinco hay que pedir diez TACs. O veinte. Si los "aciertas" todos es que se te escapan muchos. "Fallar" esos quince TACs no deja de ser un acierto global, un pequeño peaje en forma de ataque a tu ego, en forma de error aparente, que debemos pagar sin rechistar. 

Algo así sucede con las PCR de la COVID. Has de pedir muchas, muchísimas, hasta veinte para tener una positiva si quieres estar haciendo un buen trabajo. Y eso, a veces, cuesta de asumir. 

Ahora mismo en España estamos en el 7.9% de PCR positivas, pero con regiones por encima del 12%. En otras palabras, hacemos más o menos la mitad (dependiendo de las zonas hasta un tercio) de las que deberíamos. 

Seguramente la responsabilidad, como siempre compartida, es en su  mayor parte de las instituciones que no han puesto los recursos necesarios para realizar más cribajes, pero como médicos, siempre podemos poner nuestro granito de arena para hacer las cosas lo mejor posible. 

Porque, desde urgencias, es muy fácil altar a alguien con febrícula y diarreas o odinofagia con el diagnóstico de viriasis sin PCR. Si tiene veinte años, las repercusiones para su salud por no hacer la PCR son mínimas o nulas, pero, sin embargo, a nivel de salud de  la población, es un error; se contribuye a no atajar  la pandemia dado que este caso no diagnosticado puede infectar sus contactos al no asilarse y podemos no diagnosticar a contactos que sean positivos asintomáticos. 

Es evidente que el 5% que pide la OMS es de PCRs globales, no de las pedidas desde urgencias pero me sirve como ejemplo. 

En twitter leí ayer un comentario de un médico que decía que posiblemente este 7% era porque antes de pedía a "todo el mundo que tenía cualquier síntoma que podía ser COVID" y ahora " se afinaba más". Ese tweet me animó a escribir este post porque ese concepto me parece un terrible error. 

Así que, desde urgencias hemos de pedir PCR, PCR, PCR y más PCR a todo paciente con clínica compatible, aunque creamos que, muy probablemente, será negativo. Como el angioTAC con la embolia pulmonar, el objetivo es que no se nos escape ninguno, no acertarlos todos. 

Y si eres médico de guardia o de primaria y "solo" has encontrado 1 positivo de las últimos 20 PCR que has pedido...  felicidades!!!!! has hecho un buen trabajo!!!!!

Y ánimo a todos, que vienen curvas (cerradas) otra vez. 


 

domingo, 23 de agosto de 2020

Libros del 2017, segunda parte

Post un poco extraño... Iba a publicar mis lecturas del verano (del 2020) pero me he dado cuenta de que dejé este post del 2017 en "borradores" así que, con un retraso brutal, ahí va!!!!


La posibilidad de una isla. Michel Houllebecq. 2005



Cada escritor tiene sus fijaciones. Roth por el sexo, el judaismo y las enfermedades, Nothomb por el amor, las relaciones interpersonales e interculturales y Houllebecq por el sexo, las sectas y el futuro de la especie

Escrito de forma extraña (un capítulo para el humano Daniel1 y el siguiente para el neohumáno Daniel25) Houllebeq explica la vida de un humorista francés de éxito y su relación con una secta: "los elohimitas" que aseguran la inmortalidad. 
La parte de la inmortalidad, tema repetitivo en sus libros me cansa un poco, pero la forma de explicar las relaciones humanas, el sexo y el envejecimiento me parece brillante. 

Buen libro pero claramente por debajo de "Las partículas elementales" y menos brillante que "El mapa y el territorio", "Sumisión" o "Plataforma". 




Nos vemos en esta vida o en la otra. Manuel Jabois.


Para empezar dirá que me encanta Jabois, tanto sus artículos en El País, de lo poco que se salva del periódico, como sus opinioes por Twitter. 

Recreación de la parte española de los atentados de Madrid del 11M desde el punto de vista de Gabriel, "el gitanillo" o "baby", un adolescente que colaboró con Trashorras, condenado a miles de años de cárcel por ser el que consiguió los explosivos para el atentado. 

Como pasa muchas veces en estos casos hay una mirada quizás demasiado amable con el protagonista, casi disculpándolo de todo por su entorno y una infancia difícil. 

Entretenido pero quizás tanta relación (hijo de Pepa, hermano de Lola, amigo de Ramón) sobra y no aporta mucho...









Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Charles Bukowski.



No es tan redondo como "Cartero" pero un buen libro si a uno le gusta el estilo Bukowski con mucho sexo y palabrotas. Son, como muchos de sus libros, un compendio de historias cortas escritas en clave autobiográfica. "La boda zen" es, sin duda, un relato magnífico.

Creo que le estoy cogiendo el gusto a Charles posiblemente porque todos los hombres tenemos algo de él que la sociedad nos obliga a reprimir. 










Ante todo no hagas daño. Henry Marsh


Recomendación de grupo médico de twitter, en la que todo ha de ser superlativo, ya se sabe: maravilloso, extraordinario... Es el "primum non nocere" de Hipócrates, Galeno o Hooker.

Son las historias de un neurocirujano, rollo abuelo cebolleta, en la que nos desgrana su carrera profesional y como, poco a poco, se va dando cuenta de las limitaciones de su especialidad, de que hay pacientes curables y otros en los que es mejor no tocar.
Posiblemente para las personas de fuera de la profesión puede tener más interés. Situaciones como las descritas las hemos vivido a patadas en todos los hospitales públicos y privados, son parte de la medicina.

Un libro que tiene cierto interés pero que no responde a ninguno de los calificativo superlativos del grupo de twitter.






Si hay que matar, se mata. Andreu Martín y Jaume Ribera. 





Nunca he sido aficionado a la novela negra, así que es difícil que me enganche una de este tipo auqnue esta se ecnuentre a medio camino entre la novela de enredo y la novela negra. No lo recomiendo. Todo muy típico: detective venido a tiempo, mujer fatal. Se lee fácil pero no aporta nada.