Seguidores

domingo, 5 de noviembre de 2023

De animales y niños.

De animales y niños

Hace unos días saltó la noticia de que en Catalunya los perros había perpetrado definitivamente el "sorpazzo" y los canes ya superaban en número a los humanos de su edad (niños hasta los 14 años) Los perros son mayoría. Temblad, humanos. 



El tema de los perros, los dueños de los perros y los animalistas por extensión no da para un post, ni para un relato corto ni para un libro: da para una saga que ríete tú de Star Wars o Saw. Como tantas otras evoluciones de la sociedad, nos puede gustar o no, pero el ascenso de los de cuatro patas y el descenso de los de dos es imparable y, con esa frase que se popularizó en la pandemia y que me parece ciertamente siniestra, ha venido para quedarse.

Preámbulo: no tengo nada contra quién, haciendo uso de su libre albedrío y en consonancia con sus gustos personales y, muchas veces, marcados por sus posibilidades económicas, prefieren tener un perro a un hijo. Mis respetos para ellos.  

Más allá  de los excesos que puedan tener algunos dueños de los perros, muchos de los cuales otorgan cualidades ya no humanas si no casi divinas a los canes, me parece que la victoria en número de los perros y la perspectiva de que en unos años lo que es una lucha ajustada pasará a ser una goleada es un fracaso con mayúsculas de la sociedad. 

Empezaremos por desmontar un mito que se oye una y otra vez y que da hasta grima tener que desmentir: los perros NO te dan más satisfacciones que los hijos. Seguro que te dan menos quebraderos de cabeza, te limitan menos la vida y cuestan (mucho) menos dinero: correcto. Pero decir que dan más satisfacciones o asegurar, en una de las frases más utilizadas, aquello de "lo quiero como si fuera mi hijo" es una barbaridad que solo oyes a los que tiene perro pero no se han reproducido. Gracias a Dios. 

En una sociedad en los que, supuestamente, lo queremos todo, el mejor coche, la pareja más guapa, el mejor viaje (y las mejores fotos del viaje), un trabajo excelentemente pagado y que nos realice y el más glamouroso ocio, la realidad es que cada vez jugamos más al empate. Y tener un perro en lugar de un hijo es eso, jugar al empate. Ni muchas satisfacciones (admirar como duerme tu hijo en la cuna es infinitamente superior a ver jugar a tu perro en la playa) ni mucho dolor.

Preparando este post he recordado una canción muy divertida (número 1 en USA en 1963, Jimmy Soul, "If you wanna be happy for the rest of your life") que te dice que para ser feliz lo que tienes que hacer es casarte con una chica fea: te va a exigir menos, te va a dar menos disgustos y nadie te la va a intentar quitar, así que vivirás supertranquilo... Canción divertida, mensaje cenizo. 



Tener perros es lo mismo. Satisfacciones y sufrimientos todo bajo control. 

Volvamos a qué significa para una sociedad tener más perros que niños: un futuro negro. Los perros no trabajan de mayores, no producen y, por supuesto, no se encargan de las facturas. No nos van a pagar las pensiones (siempre podemos responder con la frase de cuñado, "total, igualmente no tendremos cuando seamos mayores"). Seguro que van a contribuir a la sociedad con felicidad, pero eso no paga colegios, hospitales, residencias de ancianos, etc... 

Las políticas de los gobiernos tienen una culpa mayúscula y no ayudan a que se "fabriquen" niños: precariedad laboral con poca seguridad de que no te vas a quedar en unos meses en el paro, aumento estratosférico del precio de la vivienda que retrasa la edad de emancipación hasta casi la pito y menopausia y horarios laborales poco lógicos. Posiblemente aún falten más políticas de conciliación aunque son infinitamente mayores que hace 20 años y nos reproducíamos con mayor alegría. 

Por otro lado la infantilización de la sociedad y esa beatización de los animales, exagerada y ridícula en ocasiones, hace el resto: el sueño ya no es tener una familia, es irse a los rincones más alejados del mundo a tener una experiencia, como si estar en Japón fuera a ser un cambio tan significativo en la vida y tener un perro con el que pasear los fines de semana. O un gato.

Nadie duda de los beneficios de la perroterapia pero, como le está pasando en tantas cosas a la sociedad, el tema se nos está yendo de las manos. Pondré un ejemplo: las residencias de ancianos. Cuando era un mozalbete, segundo del antiguo BUP, o sea unos 16 años, un día a la semana teníamos dos horas dentro del horario escolar para ir a hacer lo que sería trabajo social. Entre las posibilidades una era ir a una residencia a dar un poco de cariño en forma de charla a los abuelos que vivían allí: ¿creéis que los ancianos preferirían un perro a que fuera una persona a darle calor humano? Seguro que no pero, no nos engañemos, es más fácil comprarle un perro al abuelo que convencer a su nieto de que una tarde a la semana se pase a visitarlo... y así todo.  El perro sería un GRAN complemento, pero es un MAL sustituto. 


En resumen, la victoria de los canes, que celebrarán los animalistas, me parece una pésima noticia. Humanos... ¡¡¡¡¡ creced y multiplicaos!!!!


1 comentario: