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domingo, 5 de junio de 2016

Mírame a los ojos: la comunicación médico-paciente

En un artículo del ARA de hace unos días Carles Capdevila nos dejaba como titular "los médicos no nos miran a los ojos cuando nos explican lo que tenemos". "Preferimos" mirar al ordenador y no estar manteniendo el contacto visual y eso afecta la relación médico-paciente. Gran verdad... a medias. 


Esto es el mundo del twitter, del periodismo del titular y, desgraciadamente, ahí se queda:  hago un diagnóstico superficial de un problema pero paso de profundizar. Me da palo. Suelto alguna obviedad (solo miran a la pantalla) y dejo caer lo de siempre: necesitamos médicos más empáticos, humanistas y con visión holística. Hemos de mejorar la comunicación médico-paciente. 

Qué bonitas palabras. A mí holístico hasta me excita, me imagino a una mujer desnudándose lentamente ante mí y diciendo: "hazme el amor de forma holística". Guau. 

Cierto es que el bueno de Carles no acusa a nadie, diría que su artículo tiene más de melancolía que de queja, pero hay que buscar por qué los médicos "somos así". 

Lo fácil es pensar que somos menos humanos que antes, que la relación médico-paciente no es lo que era por nuestra culpa, pero es mucho más complejo: no es, simplemente, que no queramos mirar a los ojos a nuestros pacientes

La sociedad tiene la medicina, de la que los médicos somos una parte, que se merece. Ni más ni menos. Y las instituciones, los pacientes y las asociaciones de pacientes son la sociedad y han ayudado a llevarnos hasta este punto. 

¿Los médicos miramos mucho a la pantalla del ordenador y poco a los ojos? Sí. 

Podemos dividir el problema en cuatro partes: 

1- La informatización del mundo hospitalario. La historia clínica.


Pongamos un ejemplo

Año 2001: entra un paciente en mi consulta, lo saludo y se sienta al otro lado de la mesa. Entre nosotros hay un boli y unos papeles que son la historia clínica. El habla y yo apunto (poco), escribiendo en la hoja que está entre los dos. La comunicación verbal y no verbal es fácil: médico, historia clínica (hoja de papel) y paciente están en el mismo eje visual. Ayuda a la comunicación médico-paciente. 

Años 2016:  El paciente entra en el despacho. Lo saludas y tienes que acceder a la historia clínica informatizada. Con suerte solo te equivocas dos veces de password para entrar. La pantalla del ordenador está a tu derecha así que tu mirada ya no va hacia el paciente, va hacia la derecha. Repasas sus antecedentes, sus analíticas, sus pruebas de imagen, todo ello mirando hacia el ordenador (antes eran papeles que quedaban entre los dos) Mientras te habla tienes que apuntar (teclado) en la historia. A día de hoy somos pocos los que podemos escribir sin mirar (en mi caso a costa de múltpiles erratsas como etsas)

Así que hay que elegir y escribir en la historia es obligado porque la creciente judicialización de la medicina y una corriente excesivamente autoproteccionista de los médicos, sobre todo de los más jóvenes, hace que haya que apuntarlo todo (o mucho) 

Por tanto 1-0 a favor de mirar a "la pantallita" pero la culpa es, básicamente del rumbo que ha cogido la sociedad y, por tanto, la medicina. 

2- La sobrecarga de trabajo. 


Una vez ya hemos hecho todo la historia "informática" es verdad que podríamos mirar a los ojos del paciente el rato que hiciera falta. Pero el trabajo está hecho y si tienes que ver a 3, 5 ó 10 pacientes más y, como casi siempre, vas con retraso, es un adorno que no puedes permitirte. Quedaría bonito, precioso, pero esto es el mundo real y tienes que "anar per feina"

Yo trabajo en la privada y las cosas no están tan mal, tenemos algún minuto más para hablar con los pacientes, pero en la pública estos alardes no son posibles.  

3- La falta de preparación a nivel psicológico.


Nadie nos ha  enseñado absolutamente nada del tema. Al menos a mí. Ni en la carrera, ni durante la residencia. Aprendes a tratar a los pacientes como los has visto tratar a "tus mayores", por ósmosis. Tus residentes "grandes" y tus adjuntos actúan de una forma con los pacientes, y tú, en ese periodo de formación, tienes tendencia a imitarlos.

Evidentemente está tu "tú" como individuo que hace que  te relaciones de una forma determinada con las personas de tu entorno: eres más o menos simpático en general, te comportas mejor o peor con tus padres, con tus abuelos, con los vecinos. Es una cuestión de humanidad que no se aprende ni en la facultad ni en la residencia. Se enseña mucho antes, en edad escolar: en casa y en el colegio.

He buscado fotos en google de "relación médico-paciente" y son muy flanders, muy cursis y yo, en general, soy anti-cursi. Representan a la mayoría de los pacientes no al otro lado de la mesa si no en un lado, prácticamente tocándose con el  médico. Muchos pacientes y  la mayoría de médicos nos sentiríamos incómodos si no se respetase nuestro espacio personal, pasando de la zona personal (la aceptada en las relaciones sociales) a la íntima que es lo que proponen las fotos.

En todas los médicos (mujeres y hombres) son guapos y los pacientes tienen cara de tener una gran salud y de ser unas buenas personas.

En muchas fotos parecen mas dos amigotes que están tomándose una cerveza o una pareja ligando. No sé que pensarían mis pacientes (ellas) si pusiera estas caras, pero igual alguna no estaba muy cómoda...

4- El hastío de discutir y el burn out syndrome. 


Los médicos nos cansamos de negociarlo todo, de discutir, de llegar a acuerdos. La medicina y la relación médico-paciente ha avanzado de forma extraordinaria en los últimos 20 años, pero se nos ha ido la mano con tanto buenismo y tanto servilismo con los pacientes.

Añadamos un sueldo no acorde con la dedicación y la responsabilidad (un sueldo que se ha reducido en la pública de forma escandalosa y que ni un solo paciente o asociación de pacientes han entendido como un problema suyo) y tenemos un burn out en toda regla.

El cansancio de tener que dar explicaciones (nótese la diferencia con "explicar", aquí conlleva una gran carga de tener que justificar tus decisiones), de que haya una opinión de una vecina o de una página de internet que se ponga a tu mismo nivel de veracidad e iniciar una mini-batalla detrás de otra por cualquier nimiedad cansa. Mucho.


¿Discutiríamos con un piloto de avión, con el mecánico del coche o con los arquitectos de nuestro piso? No. Pero aquí sí. Ya se sabe que todo español lleva dentro un seleccionador nacional y un médico: todos sabemos de fútbol y de medicina.

Queremos que sea una relación médico-paciente de igual a igual y por definición no puede serlo. No lo es ni lo será. El paciente es el importante pero nosotros somos los que sabemos de medicina. Las decisiones se deben hablar y hasta consensuar, pero hay que poner límites, como se ha puesto de moda decir, líneas rojas. Y evidentemente no es lo mismo explicar un tratamiento con quimioterapia para un cáncer que el tratamiento del colesterol elevado: en lo primero el tiempo que haga falta, en lo segundo, el tiempo justo.


Así que "estimat Carles", igual no miramos a los ojos a nuestros pacientes: porque no nos han educado para hacerlo, porque tenemos poco tiempo, porque tenemos un ordenador que se ha convertido en el amo por temas legales, porque muchos no miran a los ojos ni a su pareja, porque es una profesión a la que la crisis ha azotado hasta convertirla en una de las que tiene mayor "burn out syndrome" y porque, cuando miramos a nuestros pacientes a veces vemos fe y esperanza pero en otras desconfianza y exigencias fuera de toda lógica. Por todo eso. 


Si la sociedad quiere otra cosa que luche por cambiarlo intentando revertir todo lo referido previamente. Me parece difícil cuando a los pacientes ya no se les llama por el nombre si no por un número en la sala de espera, como si fuera una carnicería, por ese monstruo que todo lo devora que es la confidencialidad de datos. La dirección hacia la deshumanización no la hemos marcado los médicos, que conste, ha sido la sociedad.




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